CERREMOS FILAS COMO UN EJÉRCITO EN ORDEN DE BATALLA, UNA BATALLA DE PAZ Y ALEGRÍA.








OREMUS PRO BEATISIMO PAPA FRANCISCUS.

OREMUS PRO BEATISIMO PAPA FRANCISCUS DOMINUS CONSERVET EUM, ET VIVÍFICET EUM, ET BEATUM FACIAT EUM IN TERRA, ET NON TRADAT EUM IN ANIMAM INIMICORUM EIUS. (Enchiridion Indulgentiarum) "Diariamente ha de ocupar un lugar de primer orden en nuestras oraciones la persona del Romano Pontífice, su tarea en servicio de la Iglesia universal, la ayuda que le pestan sus colaboradores más inmediatos... porque es abrumador el peso que, con solicitud paterna, ha de llevar sobre sí el Vicario de Cristo: si onsideramos en la presencia de Dios, si advetimos -no es dificil, al conocer comentarios de la prensa laicista, de otros medios de comunicación, etc.- la resistencia conque le combaten los enemigos de la fe; si conocemos la presión de los que abominan del afán apostólico de los cristianos y se oponen a la tarea evangelizadora que impulsa constantemente el Papa, pediremos fervientemente al Señor que conserve al Romano Pontífice, que lo vivifique con su aliento divino, que lo haga santo y lo llene de sus dones, que lo proteja de modo especialísimo" (Francisco Fernández Carbajal: Hablar con Dios, Tomo III, Ediciones Palabra, Madrid 1988, p. 380)
PAPA EMÉRITO BENEDICTUS XVI Joseph Ratzinger 19.IV.2005 - 28.II.2013

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Recoleta, Capital Federal, Argentina
Historiador. Profesor Titular de Historia de la Cultura y del Derecho en el Seminario de Historia del Derecho del Doctorado en Ciencias Jurídicas y en la Carrera de Abogacía en la Pontificia Universidad Católica Argentina y Profesor Titular de Historia Constitucional Argentina en la UCALP:

sábado, 12 de mayo de 2007

VIAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI AL BRASIL

"Queridos hombres y mujeres de América Latina, sé que tenéis una gran sed de Dios. Sé que seguís a aquel Jesús que dijo ´Nadie va al Padre sino por mí´. Por eso el Papa quiere deciros a todos: ¡La Iglesia es nuestra casa! ¡Esta es nuestra casa! ¡En la Iglesia católica tenemos a todo lo que es bueno, todo lo que es motivo de seguridad y de consuelo!", aseveró el Sumo Pontífice en Aparecida.

HOMILIA DEL PAPA A LOS OBISPOS DEL BRASIL, VIERNES 11 DE MAYO DE 2007

Homilía del Papa a los obispos de BrasilSAO PAULO, viernes, 11 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció este viernes Benedicto XVI a los obispos de Brasil en la catedral de la ciudad de Sao Paulo, dedicada a Nuestra Señora de la Anunciación.
* * *Amados hermanos en el Episcopado,«El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (cf. Hb 5,8-9).1. El texto que acabamos de oír en la Lectura Breve de las Vísperas de hoy contiene una enseñanza profunda. También en este caso constatamos como la Palabra de Dios es viva y más penetrante que una espada de dos filos, llega hasta la juntura del alma, reconfortándola, estimulando a sus fieles servidores (cf. Hb 4,12).Agradezco a Dios por haber permitido encontrarme con un Episcopado prestigioso, que está al frente de una de las más numerosas poblaciones católicas del mundo. Yo os saludo con sentimientos de profunda comunión y de afecto sincero, conociendo bien la dedicación con que seguís las comunidades que os fueron confiadas. La calurosa acogida del Señor Párroco de la Catedral de la Sé y de todos los presentes me hizo sentir en casa, en esta grande Casa común que es nuestra Santa Madre la Iglesia Católica.Dirijo un especial saludo a la nueva Presidencia de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y, al agradecer las palabras de su presidente, monseñor Geraldo Lyrio Rocha, hago votos por un provechoso desempeño en la tarea de consolidar siempre más la comunión entre los obispos y de promover la acción pastoral común en un territorio de dimensiones continentales.2. Brasil está acogiendo a los participantes de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano con su tradicional hospitalidad. Expreso mi agradecimiento por la atenta recepción de sus miembros y mi profundo aprecio por las oraciones del pueblo brasileño, formuladas especialmente en pro del buen éxito del encuentro de los obispos en Aparecida.Es un gran evento eclesial que se sitúa en el ámbito del esfuerzo misionero que América Latina deberá proponerse, precisamente a partir de aquí, del suelo brasileño. Fue por eso que quise dirigirme inicialmente a vosotros, Obispos del Brasil, evocando aquellas palabras densas de contenido de la Carta a los Hebreos: «El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Hb 5, 8-9). Exuberante en su significado, este versículo habla de la compasión de Dios para con nosotros, concretada en la pasión de su Hijo; y habla de su obediencia, de su adhesión libre y consciente a los designios del Padre, explicitada especialmente en la oración en el monte de los Olivos: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Así, es el propio Jesús quien nos enseña que la verdadera vía de salvación consiste en conformar nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Es exactamente lo que pedimos en la tercera invocación de la oración del Padre Nuestro: que sea hecha la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo, porque donde reina la voluntad deDios, ahí está presente el reino de Dios. Jesús nos atrae hacia su voluntad, la voluntad del Hijo, y de este modo nos guía hacia la salvación. Yendo al encuentro de la voluntad de Dios, con Jesucristo, abrimos el mundo al reino de Dios.Nosotros los Obispos, somos convocados para manifestar esa verdad central, pues estamos vinculados directamente a Cristo, Buen Pastor. La misión que nos es confiada, como Maestros de la fe, consiste en recordar, como el mismo Apóstol de los Gentiles escribía, que nuestro Salvador «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2, 4-6). Ésta es la finalidad, y no otra, la finalidad de la Iglesia, la salvación de las almas, una a una. Por eso el Padre envió a su Hijo, y «como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21). De aquí, el mandato de evangelizar: «Id, pues, enseñad a todas las naciones; bautizadlas en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. enseñadles a observar todo lo que os mandé. He aquí que estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19-20). Son palabras simples y sublimes en las cuales están indicadas el deber de predicar la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la continuada asistencia de Cristo a su Iglesia. Éstas son realidades fundamentales y se refieren a la instrucción en la fe y en la moral cristiana, y a la práctica de los sacramentos. Donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe la fe en Jesucristo ni su presencia en las celebraciones sacramentales, falta lo esencial también para la solución de los urgentes problemas sociales y políticos.La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en comunión con Jesucristo, es el don esencial, que nosotros Obispos y sacerdotes debemos ofrecer a nuestro pueblo (cf. Populorum progressio 21).3. El ministerio episcopal nos impele al discernimiento de la voluntad salvífica, en la búsqueda de una pastoral que eduque el Pueblo de Dios a reconocer y acoger los valores trascendentes, en la fidelidad al Señor y al Evangelio. Es verdad que los tiempos de hoy son difíciles para la Iglesia y muchos de sus hijos están atribulados. La vida social está atravesando momentos de confusión desorientadora. Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la familia, comenzando por hacer concesiones delante de presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se atenta contra la dignidad del ser humano; se extiende la herida del divorcio y de las uniones libres. Aún más: en el seno de la Iglesia, cuando el valor del compromiso sacerdotal es cuestionado como entrega total a Dios a través del celibato apostólico y como disponibilidad total para servir a las almas, dándose preferencia a las cuestiones ideológicas y políticas, incluso partidarias, la estructura de la consagración total a Dios empieza a perder su significado más profundo. ¿Cómo no sentir tristeza en nuestra alma? Pero tened confianza: la Iglesia es santa e incorruptible (cf. Ef 5,27). Decía San Agustín: «¿Titubeará la Iglesia si titubea su fundamento, pero podrá quizá Cristo titubear? Visto que Cristo no titubea, la Iglesia permanecerá intacta hasta el fin de los tiempos» («Enarrationes in Psalmos», 103,2,5; PL, 37, 1353.)Entre los problemas que abruman vuestra solicitud pastoral está, sin duda, la cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda explicación. Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas - que es motivo de justa preocupación – e incapaces de resistir a las embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciabais porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, aunque conserven una religiosidad innata. En la Encíclica «Deus caritas est» recordé que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (N. 1). Es necesario, por tanto, encaminar la actividad apostólica como una verdadera misión dentro del rebaño que constituye la Iglesia Católica en Brasil, promoviendo una evangelización metódica y capilar en vista de una adhesión personal y comunitaria a Cristo. Se trata efectivamente de no ahorrar esfuerzos en la búsqueda de los católicos apartados y de aquéllos que poco o nada conocen sobre Jesucristo, a través de una pastoral de la acogida que les ayude a sentir a la Iglesia como lugar privilegiado del encuentro con Dios y mediante un itinerario catequético permanente.Una misión evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas de este inmenso rebaño. Mi pensamiento se dirige, por tanto, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusión de la verdad evangélica. Entre ellos, muchos colaboran o participan activamente en las Asociaciones, en los Movimientos y en otras nuevas realidades eclesiales que, en comunión con sus Pastores y de acuerdo con las orientaciones diocesanas, llevan su riqueza espiritual, educativa y misionera al corazón de la Iglesia, como preciosa experiencia y propuesta de vida cristiana.En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al enviar, sobretodo entre las casas de las periferias urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en espíritu de comprensión y de delicada caridad. Pero si las personas encontradas están en una situación de pobreza, es necesario ayudarlas, como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado según la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer el divino bálsamo de la fe, sin descuidar del «pan material». Como pude evidenciar en la Encíclica «Deus caritas est», «La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra» (N. 22).La vivencia sacramental, especialmente a través de la Confesión y de la Eucaristía, adquiere aquí una importancia de primera grandeza. A vosotros Pastores les cabe la principal tarea de asegurar la participación de los fieles en la vida eucarística y en el Sacramento de la Reconciliación; debéis estar vigilantes para que la confesión y la absolución de los pecados sean, de modo ordinario, individual, tal como el pecado es un hecho hondamente personal (cf. Exort. ap. post-sinodal «Reconciliatio et penitentia», N. 31, III). Solamente la imposibilidad física o moral excusa al fiel de esta forma de confesión, pudiendo en este caso conseguir la reconciliación por otros medios (Cân. 960; cf. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, N. 311). Por eso, conviene infundir en los sacerdotes la práctica de la generosa disponibilidad para atender a los fieles que recurren al Sacramento de la misericordia de Dios (Carta ap. «Misericordia Dei», 2).4. Recomenzar desde Cristo en todos los ámbitos de la misión. Redescubrir en Jesús el amor y la salvación que el Padre nos da, por el Espíritu Santo. Ésta es la substancia, la raíz, de la misión episcopal que hace del Obispo el primero responsable por la catequesis diocesana. En efecto, tiene la dirección superior de la catequesis, rodeándose de colaboradores competentes y merecedores de confianza. Es obvio, por tanto, que sus catequistas no son simples comunicadores de experiencias de fe, sino que deben ser auténticos transmisores, bajo la guía de su Pastor, de las verdades reveladas. La fe es una caminata conducida por el Espíritu Santo que se condensa en dos palabras: conversión y seguimiento. Ésas dos palabras-llave de la tradición cristiana indican con claridad, que la fe en Cristo implica una praxis de vida basada en el doble mandamiento del amor, a Dios y al prójimo, y expresan también la dimensión social de la vida cristiana. La verdad supone un conocimiento claro del mensaje de Jesús, transmitida gracias a un comprensible lenguaje inculturado, pero necesariamente fiel a la propuesta del Evangelio. En los tiempos actuales es urgente un conocimiento adecuado de la fe, como está bien sintetizada en el Catecismo de la Iglesia Católica con su Compendio. Hace parte de la catequesis esencial también la educación a las virtudes personales y sociales del cristiano, como también la educación a la responsabilidad social. Exactamente porque fe, vida y celebración de la sagrada liturgia como fuente de fe y de vida, son inseparables, es necesaria una aplicación más correcta de los principios indicados por el Concilio Vaticano II en lo que respecta a la Liturgia de la Iglesia, incluyendo las disposiciones contenidas en el Directorio para los Obispos (nn.145-151), con el propósito de devolver a la Liturgia su carácter sagrado. Es con esta finalidad que mi Venerable predecesor en la Cátedra de Pedro, Juan Pablo II, quiso renovar «un vehemente apelo para que las normas litúrgicas sean observadas, con gran fidelidad, en la celebración eucarística» (...) «La liturgia jamás es propiedad privada de alguien, ni del celebrante, ni de la comunidad donde son celebrados los santos misterios» (Carta encl. «Ecclesia de Eucharistia» N. 52). Redescubrir y valorar la obediencia a las normas litúrgicas por parte de los Obispos, como «moderadores de la vida litúrgica de la Iglesia», significa dar testimonio de la misma Iglesia, una y universal, que preside en la caridad.5. Es necesario un salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para que pueda testimoniar su fe de forma límpida y elucidada. Esa fe, celebrada y participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los discípulos del Señor y los edifica como Iglesia misionera y profética. El Episcopado brasileño posee una estructura de gran envergadura, cuyos Estatutos fueron hace poco revisados para su mejor desempeño y una dedicación más exclusiva al bien de la Iglesia. El Papa vino a Brasil para pediros que, en el seguimiento de la Palabra de Dios, todos los Venerables Hermanos en el episcopado sepan ser portadores de eterna salvación para todos los que le obedecen (cf. Hb 5,10). Nosotros, pastores, en la línea del compromiso asumido como sucesores de los Apóstoles, debemos ser fieles servidores de la Palabra, sin visiones reductivas y confusiones en la misión que nos es confiada. No basta observar la realidad desde la fe; es necesario trabajar con el Evangelio en las manos y fundamentados en la correcta herencia de la Tradición Apostólica, sin interpretaciones movidas por ideologías racionalistas.Es así que, «en las Iglesias particulares compete al Obispo conservar e interpretar la Palabra de Dios y juzgar con autoridad aquello que está o no de acuerdo con ella» (Congr. para la Doctrina de la Fe, «Instr. sobre la vocación eclesial del teólogo», N. 19). Él, como Maestro de fe y de doctrina, podrá contar con la colaboración del teólogo que «en su dedicación al servicio de la verdad, deberá, para permanecer fiel a su función, llevar en cuenta la misión propia del Magisterio y colaborar con él» (ib. 20). El deber de conservar el depósito de la fe y de mantener su unidad exige estrecha vigilancia, de modo que éste sea «conservado y transmitido fielmente y que las posiciones particulares sean unificadas en la integridad del Evangelio de Cristo» (Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, N. 126).He aquí entonces la enorme responsabilidad que asumís como formadores del pueblo, mayormente de vuestros sacerdotes y religiosos. Son ellos vuestros fieles colaboradores. Conozco el empeño con que buscáis formar las nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. La formación teológica y en las disciplinas eclesiásticas exige una constante actualización, pero siempre de acuerdo con el Magisterio auténtico de la Iglesia.Apelo a vuestro celo sacerdotal y al sentido de discernimiento de las vocaciones, también para saber complementar la dimensión espiritual, psicoafectiva, intelectual y pastoral en jóvenes maduros y disponibles al servicio de la Iglesia. Un buen y asiduo acompañamiento espiritual es indispensable para favorecer la maduración humana y evita el riesgo de desvíos en el campo de la sexualidad. Tened siempre presente que el celibato sacerdotal es un don «que la Iglesia recibió y quiere guardar, convencida de que él es un bien para ella y para el mundo» («Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros», N. 57).Me gustaría encomendar a vuestra solicitud también las Comunidades religiosas que se insertan en la vida de la propia Diócesis. Es una contribución preciosa que ofrecen, pues, a pesar de la «diversidad de dones, el Espíritu es el mismo» (1 Color 12,4). La Iglesia no puede sino manifestar alegría y aprecio por todo aquello que los Religiosos vienen realizando mediante Universidades, escuelas, hospitales y otras obras e instituciones.6. Conozco la dinámica de vuestras Asambleas y el esfuerzo por definir los diversos planes pastorales, que den prioridad a la formación del clero y de los agentes de la pastoral. Algunos entre vosotros fomentasteis movimientos de evangelización para facilitar la agrupación de los fieles en una línea de acción. El Sucesor de Pedro cuenta con vosotros para que vuestra preparación se apoye siempre en aquella espiritualidad de comunión y de fidelidad a la Sede de Pedro, a fin de garantizar que la acción del Espíritu no sea vana. Con efecto, la integridad de la fe, junto a la disciplina eclesial, es, y será siempre, tema que exigirá atención y desvelo por parte de todos vosotros, sobretodo cuando se trata de sacar las consecuencias del hecho que existe «una sola fe y un solo bautismo».Como sabéis, entre los varios documentos que se ocupan de la unidad de los cristianos está el «Directorio para el ecumenismo» publicado por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. El Ecumenismo, o sea, la búsqueda de la unidad de los cristianos se vuelve en ése nuestro tiempo, en el cual se verifica el encuentro de las culturas y el desafío del secularismo, una tarea siempre más urgente de la Iglesia católica. Con la multiplicación, sin embargo, de cada vez nuevas denominaciones cristianas y, sobretodo delante de ciertas formas de proselitismo, frecuentemente agresivo, el empeño ecuménico se vuelve una tarea compleja. En tal contexto es indispensable una buena formación histórica y doctrinal, que posibilite el necesario discernimiento y ayude a entender la identidad específica de cada una de las comunidades, los elementos que dividen y aquellos que ayudan en el camino de construcción de la unidad. El gran campo común de colaboración debería ser la defensa de los fundamentales valores morales, transmitidos por la tradición bíblica, contra su destrucción en una cultura relativista y consumista; más aún, la fe en Dios creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado. Además vale siempre el principio del amor fraterno y de la búsqueda de comprensión y de proximidad mutuas; pero también la defensa de la fe de nuestro pueblo, confirmándolo en la feliz certeza, de que la «unica Christi Ecclesia... subsistit in Ecclesia catholica, a successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata» («la única Iglesia de Cristo... subsiste en la Iglesia Católica gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él») («Lumen gentium» 8).En este sentido se procederá a un franco diálogo ecuménico, a través del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, celando por el pleno respeto de las demás confesiones religiosas, deseosas de mantenerse en contacto con la Iglesia Católica en Brasil.7. No es ninguna novedad la constatación de que vuestro país convive con un déficit histórico de desarrollo social, cuyos rasgos extremos son el inmenso contingente de brasileños viviendo en situación de indigencia y una desigualdad en la distribución de la renta que alcanza niveles muy elevados. A vosotros, venerables Hermanos, como jerarquía del pueblo de Dios, os compete promover la búsqueda de soluciones nuevas y llenas de espíritu cristiano. Una visión de la economía y de los problemas sociales, desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, lleva a considerar las cosas siempre desde el punto de vista de la dignidad del hombre, que trasciende el simple juego de los factores económicos. Se debe, por eso, trabajar incansablemente por la formación de los políticos, de los brasileños que tienen algún poder decisivo, grande o pequeño y, en general, de todos los miembros de la sociedad, de modo que asuman plenamente las propias responsabilidades y sepan dar un rostro humano y solidario a la economía.Ocurre formar en las clases políticas y empresariales un auténtico espíritu de veracidad y de honestidad. Quien asuma un liderazgo en la sociedad, debe buscar prever las consecuencias sociales, directas e indirectas, a corto y a largo plazo, de las propias decisiones, actuando según criterios de maximización del bien común, en vez de buscar ganancias personales.8. Queridos hermanos, si Dios quiere, encontraremos otras oportunidades para profundizar las cuestiones que interpelan nuestra solicitud pastoral conjunta. Esta vez, quise exponer, ciertamente de manera no exhaustiva, los temas más relevantes que se imponen a mi consideración de Pastor de la Iglesia universal.Os transmito mi afectuoso ánimo que es, al mismo tiempo, una fraterna y sentida plegaria: para que procedáis y trabajéis siempre, como venís haciendo, en concordia, teniendo como vuestro fundamento una comunión que en la Eucaristía encuentra su momento cumbre y su manantial inagotable. Confío todos vosotros a María Santísima, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, mientras que de todo corazón os concedo, a cada uno de vosotros y a vuestras respectivas Comunidades, la Bendición Apostólica.¡Gracias![Traducción distribuida por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

INFORMACION OFICAL DEL VIAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A BRASIL

12.05.2007 - AñoXVII - Num. 87




SUMARIO, 11-12 DE MAYO:

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Frei Galvao, primer brasileño elevado a los altares
-Obispos: transmitid fidelidad al primado y voluntad de Dios
-Encuentro con comunidad drogadictos y rezo del Rosario

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FREI GALVAO, PRIMER BRASILEÑO ELEVADO A LOS ALTARES

CIUDAD DEL VATICANO, 11 MAY 2007 (VIS).-A las 9,30 de hoy (14,30 de Roma), el Papa presidió en el "Campo de Marte" de Sao Paulo, en presencia de más de un millón de personas, la Santa Misa en la que canonizó al beato Frei Antonio de Santa Ana Galvao (1739-1822). El sacerdote franciscano fundó el Recolhimento (Retiro) de Nuestra Señora de la Concepción de la Divina Providencia, hoy Monasterio de la Inmaculada Concepción de la Luz.

Al inicio de la homilía, el Santo Padre saludó de modo especial a las monjas Concepcionistas, que "irradian -dijo- la espiritualidad y el carisma del primer brasileño elevado a la gloria de los altares".

"El carisma franciscano, vivido evangélicamente -dijo- dio frutos significativos a través de su testimonio de ardiente adorador de la Eucaristía, de prudente y sabio guía de las almas que lo buscaban y de gran devoto de la Inmaculada Concepción de María, de la que se consideraba "hijo y esclavo perpetuo"".

Tras poner de relieve que en la Eucaristía "se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia", Benedicto XVI señaló que los cristianos "deben poder conocer la fe de la Iglesia, a través de sus ministros ordenados, por la ejemplaridad con que cumplen los ritos prescritos, que indican siempre en la liturgia eucarística el centro de toda la obra de evangelización. Por su parte, los fieles deben tratar de recibir y venerar el Santísimo Sacramento con piedad y devoción, deseando acoger al Señor Jesús con fe, sabiendo recurrir cada vez que sea necesario al Sacramento de la reconciliación para purificar el alma de todos los pecados graves".

El Papa señaló que Frei Galvao era "consejero de fama, pacificador de las almas y de las familias, dispensador de la caridad, especialmente con los pobres y los enfermos; (...) la conversión de los pecadores era la gran pasión del santo".

"Unidos en la comunión suprema con el Señor en la Eucaristía y reconciliados con El y con nuestro prójimo, seremos portadores de aquella paz que el mundo no puede dar. ¿Podrán los hombres y mujeres de este mundo -preguntó- encontrar la paz, si no son conscientes de la necesidad de reconciliarse con Dios, con el prójimo y con sí mismos?".

El Santo Padre resaltó la "fama de la inmensa caridad" del santo franciscano, que "no conocía límites". En este contexto, afirmó que "las iniciativas de pastoral social, si se orientan hacia el bien de los pobres y de los enfermos, llevan en sí mismas este sello divino", el del amor de Dios por nosotros, que murió en la Cruz para salvarnos.

"Frei Galvao asumió con voz profética -continuó- la verdad de la Inmaculada Concepción. (....) La Virgen Purísima (...) quiere ser el sello definitivo de nuestro encuentro con Dios nuestro Salvador. No existe fruto de la gracia en la historia de la salvación que no tenga como instrumento necesario la mediación de Nuestra Señora. De hecho, este santo nuestro se entregó de modo irrevocable a la Madre de Jesús desde su juventud, deseando pertenecerle para siempre y escogiendo a la Virgen María como Madre y Protectora de sus hijas espirituales".

Benedicto XVI subrayó que "el mundo tiene necesidad de vidas límpidas, de almas claras, de inteligencias sencillas, que rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer. Es necesario decir que no a aquellos medios de comunicación social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del matrimonio. (...) La devoción mariana es garantía segura de protección materna y de tutela en la hora de la tentación".

Al final de la homilía, el Papa invitó a los fieles a dar gracias a Dios por el don de la santidad, "que junto con la fe es la mayor gracia que se puede conceder a una criatura: el firme deseo de alcanzar la plenitud de la caridad, con la convicción de que la santidad no solo es posible sino también necesaria a cada uno en su propio estado de vida, para revelar al mundo el verdadero rostro de Cristo, nuestro amigo".

Terminada la misa, el Santo Padre se trasladó al Monasterio de Sao Bento, donde almorzó. Antes de dirigirse por la tarde a la Catedral da Sé para reunirse con los obispos brasileños, se despidió de los monjes.
PV-BRASIL/CANONIZACION/SAO PAULO VIS 070512 (700)

OBISPOS: TRANSMITID FIDELIDAD A PRIMADO Y VOLUNTAD DE DIOS

CIUDAD DEL VATICANO, 11 MAY 2007 (VIS).-La catedral da Sé (abreviación de sede episcopal) en Sao Paulo fue esta tarde escenario del encuentro de Benedicto XVI con los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil. La monumental iglesia neogótica, dedicada a Nuestra Señora de la Anunciación, es una de las más grandes del mundo: puede acoger a 8.000 personas. Surge sobre el Trópico de Capricornio, en el mismo lugar de la antigua catedral de 1745 y en su cripta reposan los restos del jefe Tibiriçá, el primer indígena catequizado por el padre José de Anchieta, en el siglo XVI.

El Santo Padre llegó al templo poco antes de las 16,00 y saludó a los 430 obispos allí reunidos, manifestando su alegría por encontrarse con "un episcopado prestigioso que preside una de las poblaciones católicas más numerosas del mundo"·.

"La misión que se nos ha confiado como maestros de la fe -dijo el Papa en su homilía- consiste en recordar que nuestro Salvador quiere que "todos los seres humanos se salven y lleguen a conocer la verdad". (...) De aquí el mandato de evangelizar, (...) la obligación de predicar la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la ayuda continua de Cristo a su Iglesia".

"Allí donde Dios y su voluntad no se conocen, donde no existe fe en Jesucristo y en su presencia en las celebraciones sacramentales, falta también lo esencial para resolver los urgentes problemas sociales y políticos. La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en comunión con Cristo, es el don esencial que nosotros, obispos y sacerdotes, debemos ofrecer a nuestra gente".

Benedicto XVI habló después de la dificultad de los tiempos presentes para la Iglesia, ya que "la vida social atraviesa momentos de extravío desconcertantes. Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la familia comenzando a hacer concesiones frente a presiones capaces de incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos derechos contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se atenta contra la dignidad del ser humano; se difunden las heridas del divorcio y de las uniones libres".

Además, prosiguió el pontífice, "cuando dentro de la Iglesia se pone en cuestión el valor del compromiso sacerdotal como entrega total a Dios mediante el celibato apostólico y como disponibilidad total al servicio de las almas y se da la preferencia a cuestiones ideológicas y políticas, incluso de partidos, la estructura de la consagración total a Dios comienza a perder su significado más profundo".

El Papa abordó después "la cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial", cuya causa principal estriba en "la falta de una evangelización donde Cristo y su Iglesia sean el centro de cualquier explicación". "Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las sectas (...) son, en general, los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciables porque poseen una fe frágil y, a veces, confusa, vacilante e ingenua, si bien conservan una religiosidad innata".

Recordando su encíclica "Deus caritas est", donde escribe que "al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con (...) una Persona", el Papa subrayó que era necesario para la iglesia de Brasil "considerar la actividad apostólica como una verdadera misión, (...) promoviendo una evangelización metódica y capilar que lleve a una adhesión personal y comunitaria a Cristo".

"En este esfuerzo evangelizador -subrayó-, la comunidad eclesial debe promover iniciativas pastorales, enviando sobre todo en las casas de las periferias urbanas y del interior a sus misioneros, laicos o religiosos, que intenten dialogar con todos, en espíritu de comprensión y de delicada caridad. (...) Si las personas viven en condiciones de pobreza, hay que ayudarlas, como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad para que se sientan realmente amadas. Los pobres (...) necesitan sentir la cercanía de la Iglesia, sea como ayuda para sus necesidades más urgentes, como en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundada en la justicia y la paz".

Tratando de la importancia de la vida sacramental, el Papa se refirió al Sacramento de la Reconciliación y pidió a los obispos que prestasen atención a que "la acusación y la absolución de los pecados" fueran "de ordinario, individuales, así como el pecado es también un hecho profundamente personal". Benedicto XVI recalcó que el obispo es "el primer responsable de la catequesis diocesana" y por lo tanto debía rodearse de "colaboradores competentes y dignos de confianza", porque "la fe es un camino guiado por el Espíritu Santo que se compendia en dos palabras: conversión y seguimiento", que indican "que la fe en Cristo implica una praxis de vida fundada en el doble mandamiento de amar a Dios y al prójimo y expresan también la dimensión social de la vida".

"Precisamente porque fe, vida y celebración de la liturgia (...) son inseparables -agregó- es necesaria una aplicación más correcta de los principios del Concilio Vaticano II relativos a la Liturgia de la Iglesia, (...) con el propósito de restituirle su carácter sacro. (...) La liturgia no es jamás propiedad privada de alguno, ni del celebrante, ni de la comunidad donde se celebran los santos misterios".

Después, el Papa recordó a los obispos su tarea de "fieles servidores de la Palabra, sin visiones limitadas, ni confusión en la misión que se nos ha confiado. No basta observar la realidad a partir de la fe, es necesario trabajar con el Evangelio en la mano y anclados en la herencia auténtica de la tradición apostólica, sin interpretaciones motivadas por ideologías racionalistas. (...) El deber de conservar el depósito de la fe y de mantener su unidad requiere una estrecha vigilancia para que "se mantenga y transmita fielmente y que las posiciones particulares se unifiquen en la integridad del Evangelio de Cristo".

El ecumenismo, "en una época de encuentro de culturas y de retos de la secularización", es "una tarea siempre urgente en la Iglesia Católica" y "el gran campo de la colaboración común tendría que ser el de la defensa de los valores morales fundamentales, transmitidos por la tradición bíblica, contra su destrucción en una cultura relativista y consumista, además de la fe en Dios Creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado".

Por último, Benedicto XVI habló del "vasto contingente de brasileños que viven en la indigencia" y de "la desigualdad de la distribución de la renta", recordando que "una visión de la economía y de los problemas sociales desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, lleva siempre a considerar las cosas desde el punto de vista de la dignidad del ser humano, que trasciende el mero papel de los factores económicos".

"Es necesario formar en las clases políticas y empresariales un espíritu genuino de veracidad y honradez. Los que asumen un liderazgo en la sociedad deben prever las consecuencias sociales (...) de sus decisiones, y actuar siguiendo los principios del bien común, en vez de buscar el provecho personal".
PV-BRASIL/OBISPOS/SAO PAULO VIS 070512 (1180)

ENCUENTRO CON COMUNIDAD DROGADICTOS Y REZO ROSARIO

CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2007 (VIS).-Hoy, sábado, 12 de mayo, tras celebrar misa en privado en la Capilla del Seminario "Bom Jesús" de Aparecida, el Papa visitará la Iglesia de la "Fazenda da Esperança", en Guarantinguetá.

Posteriormente, el Papa se encontrará con los miembros de la Comunidad de la "Fazenda da Esperança", un centro de reinserción de drogadictos.

Al mediodía almorzará en el seminario "Bom Jesús" con los miembros de la presidencia de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

A las 18,00 (23,00 de Roma), en el Santuario de la Aparecida, rezará el Rosario y tendrá un encuentro con sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y diáconos de Brasil.
PV-BRASIL/.../GUARATINGUETA:APARECIDA VIS 070512 (120)


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viernes, 11 de mayo de 2007

UN MILLON DE CATOLICOS ACLAMAN A S.S.BENEDICTO XVI EN BRASIL

S.S.BENEDICTO XVI EN BRASIL 2007

UN MILLÓN DE CATOLICOS ASISTIERON A LA SANTA MISA EN LA QUE EL PAPA BENEDICTO XVI CANONIZÓ A FRAY ANTONIO DE SANTA ANA

SAO PAULO.- Más de un millón de católicos asistieron a la misa en la que el Papa Benedicto XVI canoniza al religioso Antonio de Santa Ana, más conocido como Fray Galvao, quien se convierte en el primer santo nacido en Brasil.

La policía militar había calculado que habría unas 800.000 personas, mientras que los organizadores estimaban que alcanzarían el millón, pero ya desde tres horas antes de que comenzara el evento sumaban el medio millón los fieles congregados.

Miles de ciudadanos pasaron la noche en vigilia en el Campo de Marte, el aeródromo en la ciudad de Sao Paulo en el que se celebra esta misa, a la que asisten también numerosos católicos de otros países latinoamericanos que han viajado a Brasil para la visita pastoral del Papa.

Una vez más Benedicto XVI, quien se desplazó en un automóvil cerrado pero hizo su entrada en el Campo de Marte en el vehículo panorámico, fue aclamado por el público mientras recorría el lugar.

Desde la noche del jueves, cientos de feligreses se desplazaron hasta este pequeño aeropuerto para buscar el mejor lugar para seguir la misa.

Los primeros en llegar fueron muchos de los jóvenes que participaron el jueves en el encuentro que tuvo Benedicto XVI con ellos en el estadio de Pacaembú.

En las horas previas a la llegada del pontífice, bandas de música amenizaron la espera y entre ellas estaba la de Marcelo Rossi, el sacerdote más conocido del movimiento carismático, que ha sido capaz de reunir en sus propias celebraciones a tanta gente como el Papa.

La misa de canonización de Fray Galvao es la segunda de las tres ceremonias públicas presididas por el Papa en Brasil, donde permanecerá hasta el domingo, día en que inaugurará la V Conferencia General de Obispos Latinoamericanos y del Caribe.

Los observadores vaticanistas comentan que pocas veces una celebración como ésta se celebra en el propio país de origen del santo.

Esta además tiene la particularidad de que es oficiada en portugués, una lengua que el Papa ha usado desde que puso el pie en suelo brasileño, lo que ha sido recibido muy positivamente por los fieles.