Benedicto XVI llama a los jóvenes a convertirse en los nuevos misioneros de la Iglesia
«La Iglesia os necesita para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo»
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI pidió a los jóvenes de Brasil y de América Latina que se conviertan en los nuevos misioneros de la Iglesia, en un multitudinario encuentro que mantuvo en la noche de este jueves en Sao Paulo.
«Sois jóvenes de la Iglesia, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor», dijo el Papa en una especie de Jornada Mundial de la Juventud en la que momentos de oración fueron alternados con música, en la que no faltó el ritmo de la samba.
Unos 35 mil jóvenes llenaban el estadio municipal de Pacaembu «Paulo Machado de Carvalho» y otros 30.000 se quedaron fuera al no encontrar espacio.
El Papa reconoció en su largo discurso, interrumpido frecuentemente por los aplausos, que «muchas veces sentimos temblar nuestros corazones de pastores, constatando la situación de nuestro tiempo»: «oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización».
«Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes ---añadió--, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, se habla por eso, a menudo de una juventud perdida.
En este contexto, el Papa lanzó su llamamiento: «Sed los apóstoles de los jóvenes, invitadles a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse».
«Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios», deseó.
El obispo de Roma dejó uno de sus consejos más sentidos para estos chicos y chicas: «El amor verdadero buscará cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará ‘ser para’ el otro y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo».
«Existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social, económico y político adquieren un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia».
El Papa concluyó pidiendo a los jóvenes «que no desaprovechéis vuestra juventud».
«No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana».
«Vosotros, jóvenes, no sois sólo el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad».
«Sois su rostro joven. La Iglesia os necesita, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada», concluyó.
El saludo de bienvenida corrió a cargo del arzobispo de Sao Paulo, monseñor Odilo Pedro Scherer, quien arrancó la ovación de los presentes al pedir al Papa que, tras la de Australia (julio 2008), la próxima Jornada Mundial de la Juventud se celebre en Brasil.
ZS07051015
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La importancia de la Familia, tema del encuentro entre Lula y el Papa
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, conversaron este jueves sobre la importancia de la familia para la edificación de valores éticos.
La visita de cortesía del Papa al jefe de Estado, de unos quince minutos, se realizó en el Salón de Despachos del Palacio de los Bandeirantes, sede de la gobernación del estado de Sao Paulo, donde el pontífice fue acogido por el mandatario y su esposa, Marisa Leticia.
El presidente Lula resaltó el actual «desmantelamiento de los valores éticos y la mercantilización del ser humano», según han revelado fuentes eclesiales que organizan la primera visita de este Papa a Brasil
El presidente también presentó al obispo de Roma el programa «Hambre cero», que ya ha beneficiado a 12 mil familias y subrayó la importancia del biocombustible.
Lula habló también sobre la integración de América Latina y consideró la Quita Conferencia General de los Obispos de Latinoamérica y el Caribe como un medio de integración religiosa del continente latinoamericano.
El Papa agradeció al presidente todo lo que está haciendo para la organización del viaje y por ese encuentro.
La embajadora de Brasil en el Vaticano, Vera Machado, en una conversación con los periodistas aseguró que el encuentro «se caracterizó por un clima de mucha armonía».
ZS07051013
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Encuentro del Papa con líderes de otras Iglesias y confesiones cristianas
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Tras encontrarse este jueves con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, Benedicto XVI recibió a líderes de otras iglesias cristianas y religiones.
Según el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, «fue un encuentro de fraternidad y de demostración de bienvenida por parte de las diferentes confesiones religiosas».
«No se pronunciaron discursos ni se trataron temas específicos. Fue un momento de recíproca manifestación de fraternidad», subrayó el portavoz vaticano.
El rabino Henry Sobel, de 63 años, de la Congregación Israelita Paulista, al salir del encuentro aseguró que «el Papa es amigo del pueblo judío».
«Salgo contento y alegre. Después de todo, no todos los días un rabino recebe la bendición del Papa», dijo.
El rabino reveló que pidió la bendición al pontífice «con la máxima humildad». «También le pedí permiso para bendecirle, autorización que me fue concedida», añadió.
Por su parte, el jeque Armando Hussein Saleh, de la Comunidad islámica, explicó que entregó una carta al Santo Padre. No reveló su contenido, pero aseguró que el Papa fue muy acogedor.
Estaban presentes además en el encuentro monseñor Oneris Marchiori y el padre Marcial Maçaneiro, de la Iglesia Católica Apostólica y Romana; el reverendo pastor Carlos Möller, del Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas en Brasil; el reverendo pastor Walter Altmann, de la Iglesia Evangélica de Confesión Luterana de Brasil.
Se encontraban también el metropolita Tarassios, de la Iglesia Ortodoxa Griega; el arzobispo Damaskinos Mansour, de la Iglesia Ortodoxa de Antioquía; el arzobispo Datez Karibian, de la Iglesia Armenia Apostólica; el obispo Maurício Andrade, de la Iglesia Episcopal Anglicana de Brasil.
Participaron, además, el reverendo Manuel de Souza Miranda, de la Iglesia Presbiteriana Unida; Antonio Bonzoi, de la Iglesia Cristiana Reformada.
ZS07051012
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«Hay que defender la vida», asegura la Iglesia en Brasil
En sintonía con las palabras del Papa durante su vuelo a América Latina
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Los obispos brasileños expresaron su sintonía con las palabras del Papa durante su vuelo hacia Brasil el 9 de mayo, en una postura contraria a los intentos de legalización del aborto.
En el Boeing 777 de Alitalia, que partió a las 9,00 horas de Roma (4,00 horas de Brasília), el Papa se dirigió a los cerca de 70 periodistas que viajaban con él para hacer una firme defensa de la vida.
En una rueda de prensa de cerca 25 minutos, el Papa habló también de temas como la proliferación de las sectas y la necesidad de una Iglesia misionera.
En la clausura de la 45ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal de Brasil «(CNBB), en la mañana del 9 de mayo en Itaici (São Paulo), el Episcopado acogió esa preocupación común en la Iglesia de iluminar las conciencias y luchar contra el aborto
«La devaluación de la dignidad humana y la falta de criterios evangélicos y éticos están en la raíz de la banalización de la vida, llevando a una violencia creciente en nuestro país», afirmaron los obispos en una nota sobre la situación política en Brasil.
«Volvemos a condenar todos los intentos de legalización del aborto y de manipulación de embriones humanos para fines terapéuticos. Hay que defender la vida desde la aurora de la concepción hasta su ocaso natural», subrayaron los prelados.
ZS07051010
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La gente se echa a las calles de Sao Paulo para saludar a Benedicto XVI
La tarde fría y lluviosa no desanimó a los fieles
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- La tarde fría y la fina lluvia no desanimaron a los miles de fieles que se aglomeraban en las calles de Sao Paulo a finales de la tarde de este miércoles para saludar a Benedicto XVI.
El Papa aterrizó a las 16,02 (hora de Brasilia) en el Aeropuerto Internacional de Guarulhos. Recibido por el presidente Lula da Silva, en su discurso afirmó que «Brasil ocupa un lugar muy especial en el corazón del Papa».
Junto al Papa, se vio al cardenal primado de Brasil, Geraldo Majella Agnelo; el arzobispo de São Paulo, monseñor Odilo Scherer; el nuncio apostólico en Brasil, Lorenzo Baldisseri; el presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB), monseñor Geraldo Lyrio Rocha, entre otras autoridades eclesiásticas y civiles.
Benedicto XVI, en su discurso de llegada, señaló la importancia de la Conferencia de Aparecida e hizo un llamamiento en defensa de la vida «desde su concepción hasta su declive natural». Por su parte, el presidente Lula destacó la importancia de la lucha contra la pobreza y el trabajo en favor de la educación.
Tras la ceremonia de bienvenida, que duró 50 minutos, el Papa y las autoridades continuaron en siete helicópteros hasta el Aeropuerto Campo de Marte, dentro de la ciudad de São Paulo.
El mal tiempo casi impidió que pudieran ir por aire. Se pensó en seguir en caravana por tierra.
Ya en el Campo de Marte, el Papa recibió las llaves de la ciudad de manos del alcalde Gilberto Kassab.
Una coral de veinte jóvenes del proyecto Guri entonó el Himno Oficial de la acogida a Benedicto XVI. Al oír a los niños, el Papa abrió los brazos para saludarlos. Una amplia sonrisa afloró en su rostro.
Tras una breve ceremonia, de diez minutos, el pontífice siguió en papamóvil por las calles de la región central de São Paulo. Durante el trayecto, el Papa saludó y recibió los aplausos de los miles de fieles que se aglomeraban en el camino.
Al llegar al Monasterio de San Benito, fue recibido por los benedictinos que entonaban cantos gregorianos de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción.
En seguida se dirigió al balcón del Monasterio, donde saludó a los cerca de cinco mil fieles presentes. Se veían adultos y niños, entre mujeres que oraban con los rosarios en las manos.
Al final de su discurso, improvisando, dijo en portugués «muito obrigado» (muchas gracias) y deseó a todos una «boa noite» (buena noche).
ZS07051009
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Obediencia del nuevo presidente de la Conferencia episcopal de Brasil al Papa
Confesiones tras su elección
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- «Con temor y temblor asumo la noble y difícil misión de presidente de la CNBB. Sólo acepté esta responsabilidad tan grande que ahora recae sobre mis frágiles hombros porque, por encima de todo, confío en la gracia del Señor», confiesa monseñor Geraldo Lyrio Rocha, arzobispo designado Mariana (MG) y elegido nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB).
Monseñor Geraldo Lyrio interpreta su elección «para este servicio en la CNBB como expresión de la voluntad de Dios que se manifestó en la elección hecha por los hermanos en el Episcopado».
«La responsabilidad es enorme. Los desafíos cada vez mayores. La misión es exigente. La Iglesia en Brasil espera mucho de sus pastores», afirmó el nuevo presidente del organismo episcopal.
El arzobispo elegido de Mariana afirmó en su alocución el compromiso de empeñarse en que la Conferencia Episcopal cumpla su misión, conforme a sus estatutos y reafirmó su obediencia al Santo Padre: «Con afecto y veneración, expresamos nuestra obediencia y fidelidad al sucesor de Pedro, y nuestro propósito sincero de caminar siempre en estrecha comunión con la Sede Apostólica y el Colegio universal de los obispos».
Al final de su discurso, agradeció la presidencia que supone su mandato de cuatro años e invocó la bendición de Dios y la intercesión de Nuestra Señora Aparecida para los trabajos que desempeñará en los próximos cuatro años.
El arzobispo fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal el 3 de mayo con el 92% de los votos de la asamblea plenaria general de los obispos en sustitución del cardenal Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de Salvador de Bahía.
ZS07051008
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La Santa Sede y Brasil negocian un acuerdo global y fundamental
Según revela el cardenal Bertone
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- El ambiente positivo entre la Santa Sede y el gobierno de Brasil está permitiendo la redacción de un acuerdo global que fundamente las mutuas relaciones, ha revelado el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado.
«Se respira un clima muy positivo tanto por parte de los obispos, por parte de la Conferencia de los Obispos Católicos de Brasil, y por parte de la Santa Sede», comenzó explicando el purpurado en una entrevista concedida a «Radio Vaticano».
Se está redactando «un acuerdo, una especie de acuerdo global y fundamental que se espera pueda ser concluido ciertamente en este año y que todos desean para poder orientar Iglesia y Estado, Iglesia y comunidad política en lo que el Concilio [Vaticano II, ndr.] define “una sana colaboración” para el bien de cada una de las personas».
Este acuerdo, revela el purpurado, será de gran ayuda «para la resolución de los problemas que pueden estar todavía sobre la mesa».
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil los únicos acuerdos que tiene con la Santa Sede son el acuerdo administrativo para el intercambio de correspondencia diplomática (de 1935) --ambos Estados tienen relaciones diplomáticas-- y el acuerdo sobre la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas (de 1989).
Esto conlleva, por ejemplo, el que la Santa Sede no informe al gobierno sobre los nombramientos de los obispos o que no exista una reglamentación específica sobre la enseñanza de la religión en las escuelas públicas.
ZS07051007
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Las sectas plantean «serios interrogantes a la Iglesia», reconoce el cardenal Bertone
Acompañando a Benedicto XVI en Brasil
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- La expansión de las sectas en América Latina plantea «serios interrogantes a la Iglesia», considera el cardenal Tarcisio Bertone, mano derecha de Benedicto XVI en la guía de la Santa Sede, quien se encuentra acompañando al Papa en su primer viaje a Brasil.
«Por desgracia el fenómeno de las sectas aflige no sólo al continente latinoamericano, también afecta al Norte de América y a nuestros países», advierte el secretario de Estado, haciendo referencia a Europa.
En declaraciones a «Radio Vaticano», añade: «La Iglesia está llamada, como dijo el Señor y como nos repite el Evangelio, a un continuo proceso de conversión a su Señor, es un proceso de purificación y de renovación».
«El abandono de una parte notable del pueblo de Dios de la Iglesia católica por parte de personas que salen a buscar otras comunidades en las que esperan satisfacer su búsqueda religiosa o una sed de espíritu de familia, de espíritu de comunidad, plantea serios interrogantes a la Iglesia».
Este fenómeno, añade, plantea la obligación «de verificar la calidad de su obra de evangelización, de la educación en la fe y de la edificación de sus comunidades».
«Siempre repito a los obispos y a los sacerdotes que plantea el problema de la capacidad de acogida y de escucha de la gente por parte de los obispos, por parte de los sacerdotes», subraya.
«Por tanto, se trata de estar cerca de la gente, de ser acogedores, como han enseñando los grandes santos obispos, como lo mostró el Papa Juan Pablo II en su autobiografía, cuando dice: “He tratado y trato de ser acogedor, de estar cerca de la gente”, y como nos enseña el Papa Benedicto XVI con su capacidad de escucha, de cercanía, de inmediatez».
«La gente que encuentra, aunque sólo sea por un momento durante las audiencias, se siente transfigurada porque tiene casi la percepción de ser tratada como un amigo, parecería que es un encuentro entre viejos amigos».
«Esto es algo muy bello, es una enseñanza. Me parece que es también un medio sencillo, pero eficaz, para impedir este éxodo de nuestros cristianos católicos», concluye.
ZS07051005
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Fazendas de la Esperanza, superar la droga a base de amor y trabajo
Benedicto XVI visitará el sábado la Granja de Guaratinguetá, una de las más de que hay en el mundo
SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Más de dos mil jóvenes rehabilitados de sus adicciones esperan, en la Granja de la Esperanza de Guarantinguetá, la visita el próximo sábado, 12 de mayo, del Papa Benedicto XVI, que desde este miércoles se encuentra en tierras brasileñas, en su primer viaje apostólico al país.
El responsable del Departamento Latinoamérica II de AIN, Ultich Kny, ha señalado que «el hecho de que el Santo Padre destine un día de su breve estancia en Brasil a la Granja de la Esperanza demuestra la importancia del problema de las drogas y hasta qué punto valora la iniciativa del padre Frei Hans Stapel».
«Esta iniciativa no gira sólo en torno a la desintoxicación, sino también al descubrimiento de que Dios nos ama y al intento de empezar de cero --añade--. Los rehabilitados dan un vivo testimonio de curación a través de Dios en nuestros días, y así el Evangelio tiene una continuación».
«Las drogas son un sustituto para la falta de amor»
Vanderson comenzó a consumir drogas y alcohol con tan sólo ocho años. A su adicción le siguió la delincuencia, el abandono del hogar y la pérdida sucesiva del trabajo.
Todo eso le lleva, ahora, a afirmar que se convirtió «en un paria de la sociedad». Mario comenzó su «idilio» con las drogas más tarde, con diecisiete años. La muerte de dos hermanos y la quiebra que sufrió su familia motivaron que el consumo esporádico de hachís se convirtiera en habitual. Hace cuatro años su mujer vio en Internet un anuncio de las Granjas de la Esperanza, y decidieron que Mario debía trasladarse a la granja de Santa Rita, en Gararú.
De camino a la granja Mario no paró de beber alcohol, por lo que llegó completamente ebrio a sus instalaciones. La acogida que recibió en Santa Rita le hizo comprender, reconoce, que las drogas son un sustituto para la falta de amor, la ausencia de autoestima, la carencia de amor a la vida, al prójimo y, sobre todo, de amor a Dios. En 2004 abandonó curado la granja.
Las de Vanderson y Mario son sólo dos historias «surgidas» de las Granjas de la esperanza, una iniciativa apoyada por Ayuda a la Iglesia Necesitada que brinda un futuro a personas abandonadas por la sociedad, a personas que se han criado lejos de Dios o que se han apartado de Él.
Porque, además de centros de desintoxicación de drogas y alcoholismo, las Granjas de la esperanza se han convertido en auténticos centros de reevangelización para las personas que llegan hasta sus instalaciones.
Frei Hans y el origen de las Fazendas
El origen de las Granjas de la esperanza se remonta a la llegada, en 1979, del sacerdote franciscano Hans Stapel a la parroquia de Nuestra Señora de la Gloria, en Guaratinguetá (Sao Paulo).
«Frei Hans» --que así es como le conocen allí-- puso en marcha una serie de iniciativas sociales basadas en el Evangelio: «Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».
Un joven de la parroquia, Nelson Giovanelli, se tomó especialmente en serio estas palabras, y se esforzó al máximo por ayudar, de forma concreta, a los jóvenes drogadictos de la zona donde vivía.
Estableció contacto con ellos, y con gestos de caridad y amor desinteresados se fue ganando su confianza, hasta que un día el grupo decidió establecerse como comunidad.
Dicho grupo, acompañado de Frei Hans, no sólo se propuso trasladar, día a día, a la práctica el Evangelio del amor cristiano, sino también vivir de su propio trabajo.
Estos dos aspectos siguen siendo, hasta el día de hoy, la fórmula del éxito de estos centros. En la actualidad, hay más de treinta granjas en Brasil, una en Paraguay, una en Argentina y otra en Filipinas.
En Alemania también están funcionando otras dos granjas, y en estos momentos, el proyecto de rehabilitación de drogadictos está extendiéndose por México, Guatemala e incluso Mozambique.
Ni drogas sustitutivas, ni psicólogos
El índice de éxito del 84% se alcanza sin drogas sustitutivas, sin medicación ni ayuda de psicólogos. En su lugar, los drogadictos deben vivir en comunidad y trabajar para asegurarse el sustento.
De esta forma aprenden que cada persona es importante y que todos deben contribuir para que la comunidad no se desintegre. Cada grupo desempeña una tarea específica, dependiendo de la situación particular de cada granja y las oportunidades que ofrezcan para subsistir.
Una de las últimas Granjas de la Esperanza es la de Santa Rita, que comenzó a funcionar en dos edificios situados a orillas del río San Francisco, junto a los que se distribuyen varios establos para animales.
En la actualidad viven ahí 16 personas en vías de recuperación. Podrían ser más, pero para ello habría que ampliar y mejorar la infraestructura y, entre otras iniciativas quieren convertir un antiguo orfanato en una pequeña fábrica de dulces de leche y miel, cuya venta ayudaría a cubrir los gastos de funcionamiento de la Granja de la esperanza.
ZS07051004
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CERREMOS FILAS COMO UN EJÉRCITO EN ORDEN DE BATALLA, UNA BATALLA DE PAZ Y ALEGRÍA.
OREMUS PRO BEATISIMO PAPA FRANCISCUS.
OREMUS PRO BEATISIMO PAPA FRANCISCUS
DOMINUS CONSERVET EUM, ET VIVÍFICET EUM, ET BEATUM FACIAT EUM IN TERRA, ET NON TRADAT EUM IN ANIMAM INIMICORUM EIUS. (Enchiridion Indulgentiarum)
"Diariamente ha de ocupar un lugar de primer orden en nuestras oraciones la persona del Romano Pontífice, su tarea en servicio de la Iglesia universal, la ayuda que le pestan sus colaboradores más inmediatos... porque es abrumador el peso que, con solicitud paterna, ha de llevar sobre sí el Vicario de Cristo: si onsideramos en la presencia de Dios, si advetimos -no es dificil, al conocer comentarios de la prensa laicista, de otros medios de comunicación, etc.- la resistencia conque le combaten los enemigos de la fe; si conocemos la presión de los que abominan del afán apostólico de los cristianos y se oponen a la tarea evangelizadora que impulsa constantemente el Papa, pediremos fervientemente al Señor que conserve al Romano Pontífice, que lo vivifique con su aliento divino, que lo haga santo y lo llene de sus dones, que lo proteja de modo especialísimo" (Francisco Fernández Carbajal: Hablar con Dios, Tomo III, Ediciones Palabra, Madrid 1988, p. 380)
Datos personales
- Alejandro A. Domínguez Benavides
- Recoleta, Capital Federal, Argentina
- Historiador. Profesor Titular de Historia de la Cultura y del Derecho en el Seminario de Historia del Derecho del Doctorado en Ciencias Jurídicas y en la Carrera de Abogacía en la Pontificia Universidad Católica Argentina y Profesor Titular de Historia Constitucional Argentina en la UCALP:
viernes, 11 de mayo de 2007
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO SOBRE
LA LEY MORAL NATURAL ORGANIZADO POR LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD LATERANENCE
Sala Clementina
Lunes 12 de febrero de 2007
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
estimados profesores;
amables señoras y señores:
Me alegra daros la bienvenida al inicio de los trabajos de vuestro congreso, en los que estudiaréis durante los próximos días un tema de notable importancia para el actual momento histórico: la ley moral natural. Agradezco a monseñor Rino Fisichella, rector magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense, los sentimientos expresados en las palabras con las que ha introducido este encuentro.
No cabe duda de que vivimos un momento de extraordinario desarrollo en la capacidad humana de descifrar las reglas y las estructuras de la materia y en el consiguiente dominio del hombre sobre la naturaleza. Todos vemos las grandes ventajas de este progreso, pero también vemos las amenazas de una destrucción de la naturaleza por la fuerza de nuestra actividad. Hay un peligro menos visible, pero no menos inquietante: el método que nos permite conocer cada vez más a fondo las estructuras racionales de la materia nos hace cada vez menos capaces de ver la fuente de esta racionalidad, la Razón creadora. La capacidad de ver las leyes del ser material nos incapacita para ver el mensaje ético contenido en el ser, un mensaje que la tradición ha llamado lex naturalis, ley moral natural. Hoy esta palabra para muchos es casi incomprensible a causa de un concepto de naturaleza que ya no es metafísico, sino sólo empírico. El hecho de que la naturaleza, el ser mismo ya no sea transparente para un mensaje moral crea un sentido de desorientación que hace precarias e inciertas las opciones de la vida de cada día. El extravío, naturalmente, afecta de modo particular a las generaciones más jóvenes, que en este contexto deben encontrar las opciones fundamentales para su vida.
Precisamente a la luz de estas constataciones aparece en toda su urgencia la necesidad de reflexionar sobre el tema de la ley natural y de redescubrir su verdad común a todos los hombres. Esa ley, a la que alude también el apóstol san Pablo (cf. Rm 2, 14-15), está escrita en el corazón del hombre y, en consecuencia, también hoy no resulta simplemente inaccesible. Esta ley tiene como principio primero y generalísimo: "hacer el bien y evitar el mal". Esta es una verdad cuya evidencia se impone inmediatamente a cada uno. De ella brotan los demás principios más particulares, que regulan el juicio ético sobre los derechos y los deberes de cada uno.
Uno de esos principios es el del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su término natural, pues este bien no es propiedad del hombre sino don gratuito de Dios. También lo es el deber de buscar la verdad, presupuesto necesario de toda auténtica maduración de la persona. Otra instancia fundamental del sujeto es la libertad. Sin embargo, teniendo en cuenta que la libertad humana siempre es una libertad compartida con los demás, es evidente que sólo se puede lograr la armonía de las libertades en lo que es común a todos: la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del ser mismo, o sea, precisamente la lex naturalis.
¿Y cómo no mencionar, por una parte, la exigencia de justicia, que se manifiesta en dar unicuique suum, y, por otra, la expectativa de solidaridad, que en cada uno, especialmente en el necesitado, alimenta la esperanza de ayuda por parte de quienes han tenido mejor suerte que él?
En estos valores se expresan normas inderogables y obligatorias, que no dependen de la voluntad del legislador y tampoco del consenso que los Estados pueden darles, pues son normas anteriores a cualquier ley humana y, como tales, no admiten intervenciones de nadie para derogarlas.
La ley natural es la fuente de donde brotan, juntamente con los derechos fundamentales, también imperativos éticos que es preciso cumplir. En una actual ética y filosofía del derecho están muy difundidos los postulados del positivismo jurídico. Como consecuencia, la legislación a veces se convierte sólo en un compromiso entre intereses diversos: se trata de transformar en derechos intereses privados o deseos que chocan con los deberes derivados de la responsabilidad social. En esta situación, conviene recordar que todo ordenamiento jurídico, tanto a nivel interno como a nivel internacional, encuentra su legitimidad, en último término, en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ético inscrito en el mismo ser humano.
La ley natural es, en definitiva, el único baluarte válido contra la arbitrariedad del poder o los engaños de la manipulación ideológica. El conocimiento de esta ley inscrita en el corazón del hombre aumenta con el crecimiento de la conciencia moral. Por tanto, la primera preocupación para todos, y en especial para los que tienen responsabilidades públicas, debería consistir en promover la maduración de la conciencia moral. Este es el progreso fundamental sin el cual todos los demás progresos no serían auténticos. La ley inscrita en nuestra naturaleza es la verdadera garantía ofrecida a cada uno para poder vivir libre y respetado en su dignidad.
Todo lo que he dicho hasta aquí tiene aplicaciones muy concretas si se hace referencia a la familia, es decir, a la "íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias" (Gaudium et spes, 48). Al respecto, el concilio Vaticano II reafirmó oportunamente que el matrimonio es "una institución estable por ordenación divina" y, por eso, "este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano" (ib.).
Por tanto, ninguna ley hecha por los hombres puede subvertir la norma escrita por el Creador, sin que la sociedad quede dramáticamente herida en lo que constituye su mismo fundamento basilar. Olvidarlo significaría debilitar la familia, perjudicar a los hijos y hacer precario el futuro de la sociedad.
Por último, siento el deber de afirmar una vez más que no todo lo que es científicamente factible es también éticamente lícito. La técnica, cuando reduce al ser humano a objeto de experimentación, acaba por abandonar al sujeto débil al arbitrio del más fuerte. Fiarse ciegamente de la técnica como única garante de progreso, sin ofrecer al mismo tiempo un código ético que hunda sus raíces en la misma realidad que se estudia y desarrolla, equivaldría a hacer violencia a la naturaleza humana, con consecuencias devastadoras para todos.
La aportación de los hombres de ciencia es de suma importancia. Juntamente con el progreso de nuestras capacidades de dominio sobre la naturaleza, los científicos también deben ayudarnos a comprender a fondo nuestra responsabilidad con respecto al hombre y a la naturaleza que le ha sido encomendada. Sobre esta base es posible desarrollar un diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes; entre teólogos, filósofos, juristas y hombres de ciencia, que pueden ofrecer también al legislador un material valioso para la vida personal y social.
Por tanto, deseo que estas jornadas de estudio no sólo susciten una mayor sensibilidad de los estudiosos con respecto a la ley moral natural, sino que también impulsen a crear las condiciones para que sobre este tema se llegue a una conciencia cada vez más plena del valor inalienable que la ley natural posee para un progreso real y coherente de la vida personal y del orden social.
Con este deseo, aseguro mi recuerdo en la oración por vosotros y por vuestro compromiso académico de investigación y reflexión, e imparto a todos con afecto la bendición apostólica.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
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A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO SOBRE
LA LEY MORAL NATURAL ORGANIZADO POR LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD LATERANENCE
Sala Clementina
Lunes 12 de febrero de 2007
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
estimados profesores;
amables señoras y señores:
Me alegra daros la bienvenida al inicio de los trabajos de vuestro congreso, en los que estudiaréis durante los próximos días un tema de notable importancia para el actual momento histórico: la ley moral natural. Agradezco a monseñor Rino Fisichella, rector magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense, los sentimientos expresados en las palabras con las que ha introducido este encuentro.
No cabe duda de que vivimos un momento de extraordinario desarrollo en la capacidad humana de descifrar las reglas y las estructuras de la materia y en el consiguiente dominio del hombre sobre la naturaleza. Todos vemos las grandes ventajas de este progreso, pero también vemos las amenazas de una destrucción de la naturaleza por la fuerza de nuestra actividad. Hay un peligro menos visible, pero no menos inquietante: el método que nos permite conocer cada vez más a fondo las estructuras racionales de la materia nos hace cada vez menos capaces de ver la fuente de esta racionalidad, la Razón creadora. La capacidad de ver las leyes del ser material nos incapacita para ver el mensaje ético contenido en el ser, un mensaje que la tradición ha llamado lex naturalis, ley moral natural. Hoy esta palabra para muchos es casi incomprensible a causa de un concepto de naturaleza que ya no es metafísico, sino sólo empírico. El hecho de que la naturaleza, el ser mismo ya no sea transparente para un mensaje moral crea un sentido de desorientación que hace precarias e inciertas las opciones de la vida de cada día. El extravío, naturalmente, afecta de modo particular a las generaciones más jóvenes, que en este contexto deben encontrar las opciones fundamentales para su vida.
Precisamente a la luz de estas constataciones aparece en toda su urgencia la necesidad de reflexionar sobre el tema de la ley natural y de redescubrir su verdad común a todos los hombres. Esa ley, a la que alude también el apóstol san Pablo (cf. Rm 2, 14-15), está escrita en el corazón del hombre y, en consecuencia, también hoy no resulta simplemente inaccesible. Esta ley tiene como principio primero y generalísimo: "hacer el bien y evitar el mal". Esta es una verdad cuya evidencia se impone inmediatamente a cada uno. De ella brotan los demás principios más particulares, que regulan el juicio ético sobre los derechos y los deberes de cada uno.
Uno de esos principios es el del respeto a la vida humana desde su concepción hasta su término natural, pues este bien no es propiedad del hombre sino don gratuito de Dios. También lo es el deber de buscar la verdad, presupuesto necesario de toda auténtica maduración de la persona. Otra instancia fundamental del sujeto es la libertad. Sin embargo, teniendo en cuenta que la libertad humana siempre es una libertad compartida con los demás, es evidente que sólo se puede lograr la armonía de las libertades en lo que es común a todos: la verdad del ser humano, el mensaje fundamental del ser mismo, o sea, precisamente la lex naturalis.
¿Y cómo no mencionar, por una parte, la exigencia de justicia, que se manifiesta en dar unicuique suum, y, por otra, la expectativa de solidaridad, que en cada uno, especialmente en el necesitado, alimenta la esperanza de ayuda por parte de quienes han tenido mejor suerte que él?
En estos valores se expresan normas inderogables y obligatorias, que no dependen de la voluntad del legislador y tampoco del consenso que los Estados pueden darles, pues son normas anteriores a cualquier ley humana y, como tales, no admiten intervenciones de nadie para derogarlas.
La ley natural es la fuente de donde brotan, juntamente con los derechos fundamentales, también imperativos éticos que es preciso cumplir. En una actual ética y filosofía del derecho están muy difundidos los postulados del positivismo jurídico. Como consecuencia, la legislación a veces se convierte sólo en un compromiso entre intereses diversos: se trata de transformar en derechos intereses privados o deseos que chocan con los deberes derivados de la responsabilidad social. En esta situación, conviene recordar que todo ordenamiento jurídico, tanto a nivel interno como a nivel internacional, encuentra su legitimidad, en último término, en su arraigo en la ley natural, en el mensaje ético inscrito en el mismo ser humano.
La ley natural es, en definitiva, el único baluarte válido contra la arbitrariedad del poder o los engaños de la manipulación ideológica. El conocimiento de esta ley inscrita en el corazón del hombre aumenta con el crecimiento de la conciencia moral. Por tanto, la primera preocupación para todos, y en especial para los que tienen responsabilidades públicas, debería consistir en promover la maduración de la conciencia moral. Este es el progreso fundamental sin el cual todos los demás progresos no serían auténticos. La ley inscrita en nuestra naturaleza es la verdadera garantía ofrecida a cada uno para poder vivir libre y respetado en su dignidad.
Todo lo que he dicho hasta aquí tiene aplicaciones muy concretas si se hace referencia a la familia, es decir, a la "íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias" (Gaudium et spes, 48). Al respecto, el concilio Vaticano II reafirmó oportunamente que el matrimonio es "una institución estable por ordenación divina" y, por eso, "este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano" (ib.).
Por tanto, ninguna ley hecha por los hombres puede subvertir la norma escrita por el Creador, sin que la sociedad quede dramáticamente herida en lo que constituye su mismo fundamento basilar. Olvidarlo significaría debilitar la familia, perjudicar a los hijos y hacer precario el futuro de la sociedad.
Por último, siento el deber de afirmar una vez más que no todo lo que es científicamente factible es también éticamente lícito. La técnica, cuando reduce al ser humano a objeto de experimentación, acaba por abandonar al sujeto débil al arbitrio del más fuerte. Fiarse ciegamente de la técnica como única garante de progreso, sin ofrecer al mismo tiempo un código ético que hunda sus raíces en la misma realidad que se estudia y desarrolla, equivaldría a hacer violencia a la naturaleza humana, con consecuencias devastadoras para todos.
La aportación de los hombres de ciencia es de suma importancia. Juntamente con el progreso de nuestras capacidades de dominio sobre la naturaleza, los científicos también deben ayudarnos a comprender a fondo nuestra responsabilidad con respecto al hombre y a la naturaleza que le ha sido encomendada. Sobre esta base es posible desarrollar un diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes; entre teólogos, filósofos, juristas y hombres de ciencia, que pueden ofrecer también al legislador un material valioso para la vida personal y social.
Por tanto, deseo que estas jornadas de estudio no sólo susciten una mayor sensibilidad de los estudiosos con respecto a la ley moral natural, sino que también impulsen a crear las condiciones para que sobre este tema se llegue a una conciencia cada vez más plena del valor inalienable que la ley natural posee para un progreso real y coherente de la vida personal y del orden social.
Con este deseo, aseguro mi recuerdo en la oración por vosotros y por vuestro compromiso académico de investigación y reflexión, e imparto a todos con afecto la bendición apostólica.
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DISCURSOS DE S.S. BENEDICTO XVI
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A UN CONGRESO ORGANIZADO CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS TRATADOS DE ROMA
Sábado 24 de marzo de 2007
Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado;
honorables parlamentarios;
amables señoras y señores:
Me alegra particularmente recibiros en tan gran número en esta audiencia, que tiene lugar en la víspera del 50° aniversario de la firma de los Tratados de Roma, realizada el 25 de marzo de 1957. Culminaba entonces una etapa importante para Europa, que había salido exhausta de la segunda guerra mundial y deseaba construir un futuro de paz y de mayor bienestar económico y social, sin disolver o negar las diversas identidades nacionales.
Saludo a mons. Adrianus Herman van Luyn, obispo de Rotterdam, presidente de la Comisión de los Episcopados de la Unión europea, y le agradezco las cordiales palabras que me ha dirigido. Saludo a los demás prelados, a las distinguidas personalidades y a todos los que participan en el Congreso organizado en estos días por la COMECE para reflexionar sobre Europa.
Desde marzo de hace cincuenta años, este continente ha recorrido un largo camino, que ha llevado a la reconciliación de los dos "pulmones" —Oriente y Occidente— unidos por una historia común, pero arbitrariamente separados por un telón de injusticia. La integración económica estimuló la política y favoreció la búsqueda, que todavía se lleva a cabo no sin dificultades, de una estructura institucional adecuada para una Unión europea que cuenta ya con 27 países y aspira a llegar a ser en el mundo un actor global.
En estos años se ha sentido cada vez más la necesidad de establecer un sano equilibrio entre la dimensión económica y la social, a través de políticas capaces de producir riqueza y de incrementar la competitividad, pero sin descuidar las legítimas expectativas de los pobres y los marginados. Por desgracia, desde el punto de vista demográfico, se debe constatar que Europa parece haber emprendido un camino que la podría llevar a despedirse de la historia. Eso, además de poner en peligro el crecimiento económico, también puede causar enormes dificultades a la cohesión social y, sobre todo, favorecer un peligroso individualismo, al que no le importan las consecuencias para el futuro.
Casi se podría pensar que el continente europeo de hecho está perdiendo la confianza en su propio porvenir. Además, por lo que atañe, por ejemplo, al respeto del medio ambiente o al ordenado acceso a los recursos y a las inversiones energéticas, se fomenta poco la solidaridad, no sólo en el ámbito internacional sino también en el estrictamente nacional. No todos comparten el proceso mismo de unificación europea, por la impresión generalizada de que varios "capítulos" del proyecto europeo han sido "escritos" sin tener debidamente en cuenta las expectativas de los ciudadanos.
De todo ello se sigue claramente que no se puede pensar en edificar una auténtica "casa común" europea descuidando la identidad propia de los pueblos de nuestro continente. En efecto, se trata de una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando así un papel no sólo histórico, sino también fundacional con respecto a Europa.
Esos valores, que constituyen el alma del continente, en la Europa del tercer milenio deben seguir actuando como "fermento" de civilización. En efecto, si llegaran a faltar, ¿cómo podría el "viejo" continente continuar desempeñando la función de "levadura" para el mundo entero? Si, con ocasión del 50° aniversario de los Tratados de Roma, los Gobiernos de la Unión desean "acercarse" a sus ciudadanos, ¿cómo podrían excluir un elemento esencial de la identidad europea como es el cristianismo, con el que una amplia mayoría de ellos sigue identificándose?
¿No es motivo de sorpresa que la Europa actual, a la vez que desea constituir una comunidad de valores, parezca rechazar cada vez con mayor frecuencia que haya valores universales y absolutos? Esta forma singular de "apostasía" de sí misma, antes que de Dios, ¿acaso no la lleva a dudar de su misma identidad? De este modo se acaba por difundir la convicción de que la "ponderación de bienes" es el único camino para el discernimiento moral y que el bien común es sinónimo de compromiso. En realidad, si el compromiso puede constituir un legítimo balance de intereses particulares diversos, se transforma en un mal común cuando implica acuerdos que perjudican la naturaleza del hombre.
Una comunidad que se construye sin respetar la auténtica dignidad del ser humano, olvidando que toda persona ha sido creada a imagen de Dios, acaba por no beneficiar a nadie. Precisamente por eso resulta cada vez más indispensable que Europa evite la actitud pragmática, hoy ampliamente generalizada, que justifica sistemáticamente el compromiso con respecto a los valores humanos esenciales, como si fuera la inevitable aceptación de un presunto mal menor.
Ese pragmatismo, presentado como equilibrado y realista, en el fondo no es tal, precisamente porque niega la dimensión de valor e ideal, que es inherente a la naturaleza humana. Además, cuando en ese pragmatismo se insertan tendencias y corrientes laicistas y relativistas, se acaba por negar a los cristianos el derecho mismo de intervenir como tales en el debate público o, por lo menos, se descalifica su contribución acusándolos de querer defender privilegios injustificados.
En el actual momento histórico y ante los numerosos desafíos que lo caracterizan, la Unión europea, para ser garante efectiva del estado de derecho y promotora eficaz de valores universales, no puede por menos de reconocer con claridad la existencia cierta de una naturaleza humana estable y permanente, fuente de derechos comunes a todas las personas, incluidas las mismas que los niegan. En ese contexto, es preciso salvaguardar el derecho a la objeción de conciencia, cuando se violan los derechos humanos fundamentales.
Queridos amigos, sé cuán difícil es para los cristianos defender denodadamente esta verdad del hombre. Sin embargo, no os canséis ni os desalentéis. Sabéis que tenéis la misión de contribuir a edificar, con la ayuda de Dios, una nueva Europa, realista pero no cínica, rica en ideales, sin ingenuas y falsas ilusiones, inspirada en la perenne y vivificante verdad del Evangelio.
Por esto, participad activamente en el debate público a nivel europeo, conscientes de que ya forma parte integrante del debate nacional; y, además de ese empeño, llevad a cabo una eficaz acción cultural. No cedáis a la lógica del poder que es fin en sí mismo. Que os sirva de constante estímulo y apoyo la exhortación de Cristo: si la sal se desvirtúa, no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada (cf. Mt 5, 13). Que el Señor haga fecundos todos vuestros esfuerzos y os ayude a reconocer y valorar los elementos positivos presentes en la civilización actual, pero denunciando con valentía todo lo que es contrario a la dignidad del hombre.
Estoy seguro de que Dios no dejará de bendecir el esfuerzo generoso de todos aquellos que, con espíritu de servicio, trabajan por construir una casa común europea donde cada aportación cultural, social y política esté orientada al bien común. A vosotros, ya comprometidos de diversas maneras en esa importante empresa humana y evangélica, os expreso mi apoyo y os dirijo mi más fuerte estímulo. Sobre todo os aseguro un recuerdo en la oración y, a la vez que invoco la maternal protección de María, Madre del Verbo encarnado, os imparto de corazón mi afectuosa bendición a vosotros y a vuestras familias y comunidades.
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A UN CONGRESO ORGANIZADO CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DE LA FIRMA DE LOS TRATADOS DE ROMA
Sábado 24 de marzo de 2007
Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado;
honorables parlamentarios;
amables señoras y señores:
Me alegra particularmente recibiros en tan gran número en esta audiencia, que tiene lugar en la víspera del 50° aniversario de la firma de los Tratados de Roma, realizada el 25 de marzo de 1957. Culminaba entonces una etapa importante para Europa, que había salido exhausta de la segunda guerra mundial y deseaba construir un futuro de paz y de mayor bienestar económico y social, sin disolver o negar las diversas identidades nacionales.
Saludo a mons. Adrianus Herman van Luyn, obispo de Rotterdam, presidente de la Comisión de los Episcopados de la Unión europea, y le agradezco las cordiales palabras que me ha dirigido. Saludo a los demás prelados, a las distinguidas personalidades y a todos los que participan en el Congreso organizado en estos días por la COMECE para reflexionar sobre Europa.
Desde marzo de hace cincuenta años, este continente ha recorrido un largo camino, que ha llevado a la reconciliación de los dos "pulmones" —Oriente y Occidente— unidos por una historia común, pero arbitrariamente separados por un telón de injusticia. La integración económica estimuló la política y favoreció la búsqueda, que todavía se lleva a cabo no sin dificultades, de una estructura institucional adecuada para una Unión europea que cuenta ya con 27 países y aspira a llegar a ser en el mundo un actor global.
En estos años se ha sentido cada vez más la necesidad de establecer un sano equilibrio entre la dimensión económica y la social, a través de políticas capaces de producir riqueza y de incrementar la competitividad, pero sin descuidar las legítimas expectativas de los pobres y los marginados. Por desgracia, desde el punto de vista demográfico, se debe constatar que Europa parece haber emprendido un camino que la podría llevar a despedirse de la historia. Eso, además de poner en peligro el crecimiento económico, también puede causar enormes dificultades a la cohesión social y, sobre todo, favorecer un peligroso individualismo, al que no le importan las consecuencias para el futuro.
Casi se podría pensar que el continente europeo de hecho está perdiendo la confianza en su propio porvenir. Además, por lo que atañe, por ejemplo, al respeto del medio ambiente o al ordenado acceso a los recursos y a las inversiones energéticas, se fomenta poco la solidaridad, no sólo en el ámbito internacional sino también en el estrictamente nacional. No todos comparten el proceso mismo de unificación europea, por la impresión generalizada de que varios "capítulos" del proyecto europeo han sido "escritos" sin tener debidamente en cuenta las expectativas de los ciudadanos.
De todo ello se sigue claramente que no se puede pensar en edificar una auténtica "casa común" europea descuidando la identidad propia de los pueblos de nuestro continente. En efecto, se trata de una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando así un papel no sólo histórico, sino también fundacional con respecto a Europa.
Esos valores, que constituyen el alma del continente, en la Europa del tercer milenio deben seguir actuando como "fermento" de civilización. En efecto, si llegaran a faltar, ¿cómo podría el "viejo" continente continuar desempeñando la función de "levadura" para el mundo entero? Si, con ocasión del 50° aniversario de los Tratados de Roma, los Gobiernos de la Unión desean "acercarse" a sus ciudadanos, ¿cómo podrían excluir un elemento esencial de la identidad europea como es el cristianismo, con el que una amplia mayoría de ellos sigue identificándose?
¿No es motivo de sorpresa que la Europa actual, a la vez que desea constituir una comunidad de valores, parezca rechazar cada vez con mayor frecuencia que haya valores universales y absolutos? Esta forma singular de "apostasía" de sí misma, antes que de Dios, ¿acaso no la lleva a dudar de su misma identidad? De este modo se acaba por difundir la convicción de que la "ponderación de bienes" es el único camino para el discernimiento moral y que el bien común es sinónimo de compromiso. En realidad, si el compromiso puede constituir un legítimo balance de intereses particulares diversos, se transforma en un mal común cuando implica acuerdos que perjudican la naturaleza del hombre.
Una comunidad que se construye sin respetar la auténtica dignidad del ser humano, olvidando que toda persona ha sido creada a imagen de Dios, acaba por no beneficiar a nadie. Precisamente por eso resulta cada vez más indispensable que Europa evite la actitud pragmática, hoy ampliamente generalizada, que justifica sistemáticamente el compromiso con respecto a los valores humanos esenciales, como si fuera la inevitable aceptación de un presunto mal menor.
Ese pragmatismo, presentado como equilibrado y realista, en el fondo no es tal, precisamente porque niega la dimensión de valor e ideal, que es inherente a la naturaleza humana. Además, cuando en ese pragmatismo se insertan tendencias y corrientes laicistas y relativistas, se acaba por negar a los cristianos el derecho mismo de intervenir como tales en el debate público o, por lo menos, se descalifica su contribución acusándolos de querer defender privilegios injustificados.
En el actual momento histórico y ante los numerosos desafíos que lo caracterizan, la Unión europea, para ser garante efectiva del estado de derecho y promotora eficaz de valores universales, no puede por menos de reconocer con claridad la existencia cierta de una naturaleza humana estable y permanente, fuente de derechos comunes a todas las personas, incluidas las mismas que los niegan. En ese contexto, es preciso salvaguardar el derecho a la objeción de conciencia, cuando se violan los derechos humanos fundamentales.
Queridos amigos, sé cuán difícil es para los cristianos defender denodadamente esta verdad del hombre. Sin embargo, no os canséis ni os desalentéis. Sabéis que tenéis la misión de contribuir a edificar, con la ayuda de Dios, una nueva Europa, realista pero no cínica, rica en ideales, sin ingenuas y falsas ilusiones, inspirada en la perenne y vivificante verdad del Evangelio.
Por esto, participad activamente en el debate público a nivel europeo, conscientes de que ya forma parte integrante del debate nacional; y, además de ese empeño, llevad a cabo una eficaz acción cultural. No cedáis a la lógica del poder que es fin en sí mismo. Que os sirva de constante estímulo y apoyo la exhortación de Cristo: si la sal se desvirtúa, no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada (cf. Mt 5, 13). Que el Señor haga fecundos todos vuestros esfuerzos y os ayude a reconocer y valorar los elementos positivos presentes en la civilización actual, pero denunciando con valentía todo lo que es contrario a la dignidad del hombre.
Estoy seguro de que Dios no dejará de bendecir el esfuerzo generoso de todos aquellos que, con espíritu de servicio, trabajan por construir una casa común europea donde cada aportación cultural, social y política esté orientada al bien común. A vosotros, ya comprometidos de diversas maneras en esa importante empresa humana y evangélica, os expreso mi apoyo y os dirijo mi más fuerte estímulo. Sobre todo os aseguro un recuerdo en la oración y, a la vez que invoco la maternal protección de María, Madre del Verbo encarnado, os imparto de corazón mi afectuosa bendición a vosotros y a vuestras familias y comunidades.
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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
VISITA PASTORAL A VIGÉVANO Y PAVÍA
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL MUNDO DE LA CULTURA EN LA UNIVERSIDAD DE PAVÍA
Domingo 22 de abril de 2007
Rector magnífico;
ilustres profesores;
queridos estudiantes:
Mi visita pastoral a Pavía, aun siendo breve, no podía menos de incluir una etapa en esta universidad, que constituye desde hace siglos un elemento característico de vuestra ciudad. Por eso, me alegra estar entre vosotros para este encuentro, al que atribuyo un valor particular, pues también yo vengo del mundo académico.
Saludo cordialmente a los profesores y, en primer lugar, al rector, profesor Angiolino Stella, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido. Saludo a los estudiantes y, de modo especial, al joven que se ha hecho portavoz de los sentimientos de los demás universitarios. Me ha asegurado vuestra valentía en la entrega a la verdad, vuestra valentía para buscar más allá de los límites de lo conocido, para no rendiros ante la debilidad de la razón. Y agradezco mucho estas palabras. Saludo también y expreso mis mejores deseos a todos los que forman parte de vuestra comunidad académica y hoy no han podido estar aquí presentes.
Vuestra universidad es una de las más antiguas e ilustres de Italia. Como ha dicho el rector magnífico, entre sus docentes ha tenido personalidades destacadas, como Alessandro Volta, Camillo Golgi y Carlo Forlanini. Me complace recordar también que por vuestro ateneo han pasado profesores y alumnos que han alcanzado una eminente talla espiritual, como Michele Ghislieri, que llegó a ser el Papa san Pío V, san Carlos Borromeo, san Alejandro Sauli, san Ricardo Pampuri, santa Gianna Beretta Molla, el beato Contardo Ferrini y el siervo de Dios Teresio Olivelli.
Queridos amigos, toda universidad tiene por naturaleza una vocación comunitaria, pues es precisamente una universitas, una comunidad de profesores y alumnos comprometidos en la búsqueda de la verdad y en la adquisición de competencias culturales y profesionales superiores. La centralidad de la persona y la dimensión comunitaria son dos polos igualmente esenciales para un enfoque correcto de la universitas studiorum. Toda universidad debería conservar siempre la fisonomía de un centro de estudios "a medida del hombre", en el que la persona del alumno salga del anonimato y pueda cultivar un diálogo fecundo con los profesores, que los estimule a crecer desde el punto de vista cultural y humano.
De este enfoque se derivan algunas aplicaciones relacionadas entre sí. Ante todo, es verdad que sólo poniendo en el centro a la persona y valorando el diálogo y las relaciones interpersonales se puede superar la fragmentación de las disciplinas derivada de la especialización y recuperar la perspectiva unitaria del saber. Las disciplinas tienden naturalmente, y con razón, a la especialización, mientras que la persona necesita unidad y síntesis.
En segundo lugar, es de fundamental importancia que el compromiso de la investigación científica se abra al interrogante existencial del sentido de la vida misma de la persona. La investigación tiende al conocimiento, mientras que la persona necesita también la sabiduría, es decir, la ciencia que se manifiesta en el "saber vivir".
En tercer lugar, la relación didáctica sólo puede llegar a ser relación educativa, un camino de maduración humana, si se valora a la persona y las relaciones interpersonales. En efecto, la estructura privilegia la comunicación, mientras que las personas aspiran a la participación.
Sé que esta atención a la persona, a su experiencia integral de vida y a su tendencia a la comunión, está muy presente en la actividad pastoral de la Iglesia en Pavía en el ámbito cultural. Lo atestigua la labor de los Colegios universitarios de inspiración cristiana. Entre estos, quisiera recordar también yo el Colegio Borromeo, impulsado por san Carlos Borromeo, cuya bula de fundación es del Papa Pío IV, y el Colegio Santa Catalina, fundado por la diócesis de Pavía por voluntad del siervo de Dios Pablo VI, con una contribución decisiva de la Santa Sede.
En este sentido, también es importante la labor de las parroquias y de los movimientos eclesiales, en particular del Centro universitario diocesano y de la FUCI, que tienen como finalidad acoger a la persona en su integridad, proponer caminos armónicos de formación humana, cultural y cristiana, y ofrecer espacios de participación, de confrontación y de comunión.
Quisiera aprovechar esta ocasión para invitar a los alumnos y a los profesores a no sentirse sólo objeto de atención pastoral, sino también a participar activamente y a contribuir al proyecto cultural de inspiración cristiana que la Iglesia promueve en Italia y en Europa.
Al encontrarme con vosotros, queridos amigos, me viene espontáneo pensar en san Agustín, copatrono de esta universidad, juntamente con santa Catalina de Alejandría. El camino existencial e intelectual de san Agustín testimonia la fecunda interacción que existe entre la fe y la cultura. San Agustín estaba impulsado por el deseo incansable de encontrar la verdad, de descubrir qué es la vida, de saber cómo vivir, de conocer al hombre. Y, precisamente a causa de su pasión por el hombre, buscaba necesariamente a Dios, porque sólo a la luz de Dios puede manifestarse también plenamente la grandeza del hombre, la belleza de la aventura de ser hombre.
Al inicio, este Dios le parecía muy lejano. Luego lo encontró. Ese Dios grande, inaccesible, se hizo cercano, uno de nosotros. El gran Dios es nuestro Dios, es un Dios con rostro humano. Así, la fe en Cristo no puso fin a su filosofía, a su audacia intelectual; al contrario, lo estimuló aún más a buscar la profundidad del ser humano y a ayudar a los demás a vivir bien, a encontrar la vida, el arte de vivir. Esto era para él la filosofía: saber vivir, con toda la razón, con toda la profundidad de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad, y dejarse guiar en el camino de la verdad, que es un camino de valentía, de humildad, de purificación permanente.
Toda la búsqueda de san Agustín encontró cumplimiento en la fe en Cristo, pero en el sentido de que siempre permaneció en camino. Más aún, nos dice: incluso en la eternidad proseguirá nuestra búsqueda; será una aventura eterna descubrir nuevas grandezas, nuevas bellezas. Al interpretar las palabras del Salmo: "Buscad siempre su rostro", dijo: esto vale para la eternidad; y la belleza de la eternidad consiste en que no es una realidad estática, sino un progreso inmenso en la inmensa belleza de Dios. Así pudo encontrar a Dios como la razón fundante, pero también como el amor que nos abraza, nos guía y da sentido a la historia y a nuestra vida personal.
Esta mañana expliqué que ese amor a Cristo dio forma a su compromiso personal. De una vida planteada como búsqueda pasó a una vida totalmente entregada a Cristo y así a una vida para los demás. Descubrió —esta fue su segunda conversión— que convertirse a Cristo significa no vivir ya para sí mismos, sino estar realmente al servicio de todos.
San Agustín ha de ser para nosotros, precisamente también para el mundo académico, modelo de diálogo entre la razón y la fe, modelo de un diálogo amplio, que sólo puede buscar la verdad y así también la paz. Como afirmó mi venerado predecesor Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio, "el Obispo de Hipona consiguió hacer la primera gran síntesis del pensamiento filosófico y teológico, en la que confluían las corrientes del pensamiento griego y latino. En él, además, la gran unidad del saber, que encontraba su fundamento en el pensamiento bíblico, fue confirmada y sostenida por la profundidad del pensamiento especulativo" (n. 40).
Por eso, invoco la intercesión de san Agustín para que la Universidad de Pavía se distinga siempre por una atención especial a la persona, por una acentuada dimensión comunitaria en la investigación científica y por un fecundo diálogo entre la fe y la cultura.
Os agradezco vuestra presencia y, a la vez que os expreso mis mejores deseos de éxito en vuestros estudios, imparto a todos mi bendición, que hago extensiva a vuestros familiares y a vuestros seres queridos.
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AL MUNDO DE LA CULTURA EN LA UNIVERSIDAD DE PAVÍA
Domingo 22 de abril de 2007
Rector magnífico;
ilustres profesores;
queridos estudiantes:
Mi visita pastoral a Pavía, aun siendo breve, no podía menos de incluir una etapa en esta universidad, que constituye desde hace siglos un elemento característico de vuestra ciudad. Por eso, me alegra estar entre vosotros para este encuentro, al que atribuyo un valor particular, pues también yo vengo del mundo académico.
Saludo cordialmente a los profesores y, en primer lugar, al rector, profesor Angiolino Stella, a quien agradezco las amables palabras que me ha dirigido. Saludo a los estudiantes y, de modo especial, al joven que se ha hecho portavoz de los sentimientos de los demás universitarios. Me ha asegurado vuestra valentía en la entrega a la verdad, vuestra valentía para buscar más allá de los límites de lo conocido, para no rendiros ante la debilidad de la razón. Y agradezco mucho estas palabras. Saludo también y expreso mis mejores deseos a todos los que forman parte de vuestra comunidad académica y hoy no han podido estar aquí presentes.
Vuestra universidad es una de las más antiguas e ilustres de Italia. Como ha dicho el rector magnífico, entre sus docentes ha tenido personalidades destacadas, como Alessandro Volta, Camillo Golgi y Carlo Forlanini. Me complace recordar también que por vuestro ateneo han pasado profesores y alumnos que han alcanzado una eminente talla espiritual, como Michele Ghislieri, que llegó a ser el Papa san Pío V, san Carlos Borromeo, san Alejandro Sauli, san Ricardo Pampuri, santa Gianna Beretta Molla, el beato Contardo Ferrini y el siervo de Dios Teresio Olivelli.
Queridos amigos, toda universidad tiene por naturaleza una vocación comunitaria, pues es precisamente una universitas, una comunidad de profesores y alumnos comprometidos en la búsqueda de la verdad y en la adquisición de competencias culturales y profesionales superiores. La centralidad de la persona y la dimensión comunitaria son dos polos igualmente esenciales para un enfoque correcto de la universitas studiorum. Toda universidad debería conservar siempre la fisonomía de un centro de estudios "a medida del hombre", en el que la persona del alumno salga del anonimato y pueda cultivar un diálogo fecundo con los profesores, que los estimule a crecer desde el punto de vista cultural y humano.
De este enfoque se derivan algunas aplicaciones relacionadas entre sí. Ante todo, es verdad que sólo poniendo en el centro a la persona y valorando el diálogo y las relaciones interpersonales se puede superar la fragmentación de las disciplinas derivada de la especialización y recuperar la perspectiva unitaria del saber. Las disciplinas tienden naturalmente, y con razón, a la especialización, mientras que la persona necesita unidad y síntesis.
En segundo lugar, es de fundamental importancia que el compromiso de la investigación científica se abra al interrogante existencial del sentido de la vida misma de la persona. La investigación tiende al conocimiento, mientras que la persona necesita también la sabiduría, es decir, la ciencia que se manifiesta en el "saber vivir".
En tercer lugar, la relación didáctica sólo puede llegar a ser relación educativa, un camino de maduración humana, si se valora a la persona y las relaciones interpersonales. En efecto, la estructura privilegia la comunicación, mientras que las personas aspiran a la participación.
Sé que esta atención a la persona, a su experiencia integral de vida y a su tendencia a la comunión, está muy presente en la actividad pastoral de la Iglesia en Pavía en el ámbito cultural. Lo atestigua la labor de los Colegios universitarios de inspiración cristiana. Entre estos, quisiera recordar también yo el Colegio Borromeo, impulsado por san Carlos Borromeo, cuya bula de fundación es del Papa Pío IV, y el Colegio Santa Catalina, fundado por la diócesis de Pavía por voluntad del siervo de Dios Pablo VI, con una contribución decisiva de la Santa Sede.
En este sentido, también es importante la labor de las parroquias y de los movimientos eclesiales, en particular del Centro universitario diocesano y de la FUCI, que tienen como finalidad acoger a la persona en su integridad, proponer caminos armónicos de formación humana, cultural y cristiana, y ofrecer espacios de participación, de confrontación y de comunión.
Quisiera aprovechar esta ocasión para invitar a los alumnos y a los profesores a no sentirse sólo objeto de atención pastoral, sino también a participar activamente y a contribuir al proyecto cultural de inspiración cristiana que la Iglesia promueve en Italia y en Europa.
Al encontrarme con vosotros, queridos amigos, me viene espontáneo pensar en san Agustín, copatrono de esta universidad, juntamente con santa Catalina de Alejandría. El camino existencial e intelectual de san Agustín testimonia la fecunda interacción que existe entre la fe y la cultura. San Agustín estaba impulsado por el deseo incansable de encontrar la verdad, de descubrir qué es la vida, de saber cómo vivir, de conocer al hombre. Y, precisamente a causa de su pasión por el hombre, buscaba necesariamente a Dios, porque sólo a la luz de Dios puede manifestarse también plenamente la grandeza del hombre, la belleza de la aventura de ser hombre.
Al inicio, este Dios le parecía muy lejano. Luego lo encontró. Ese Dios grande, inaccesible, se hizo cercano, uno de nosotros. El gran Dios es nuestro Dios, es un Dios con rostro humano. Así, la fe en Cristo no puso fin a su filosofía, a su audacia intelectual; al contrario, lo estimuló aún más a buscar la profundidad del ser humano y a ayudar a los demás a vivir bien, a encontrar la vida, el arte de vivir. Esto era para él la filosofía: saber vivir, con toda la razón, con toda la profundidad de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad, y dejarse guiar en el camino de la verdad, que es un camino de valentía, de humildad, de purificación permanente.
Toda la búsqueda de san Agustín encontró cumplimiento en la fe en Cristo, pero en el sentido de que siempre permaneció en camino. Más aún, nos dice: incluso en la eternidad proseguirá nuestra búsqueda; será una aventura eterna descubrir nuevas grandezas, nuevas bellezas. Al interpretar las palabras del Salmo: "Buscad siempre su rostro", dijo: esto vale para la eternidad; y la belleza de la eternidad consiste en que no es una realidad estática, sino un progreso inmenso en la inmensa belleza de Dios. Así pudo encontrar a Dios como la razón fundante, pero también como el amor que nos abraza, nos guía y da sentido a la historia y a nuestra vida personal.
Esta mañana expliqué que ese amor a Cristo dio forma a su compromiso personal. De una vida planteada como búsqueda pasó a una vida totalmente entregada a Cristo y así a una vida para los demás. Descubrió —esta fue su segunda conversión— que convertirse a Cristo significa no vivir ya para sí mismos, sino estar realmente al servicio de todos.
San Agustín ha de ser para nosotros, precisamente también para el mundo académico, modelo de diálogo entre la razón y la fe, modelo de un diálogo amplio, que sólo puede buscar la verdad y así también la paz. Como afirmó mi venerado predecesor Juan Pablo II en la encíclica Fides et ratio, "el Obispo de Hipona consiguió hacer la primera gran síntesis del pensamiento filosófico y teológico, en la que confluían las corrientes del pensamiento griego y latino. En él, además, la gran unidad del saber, que encontraba su fundamento en el pensamiento bíblico, fue confirmada y sostenida por la profundidad del pensamiento especulativo" (n. 40).
Por eso, invoco la intercesión de san Agustín para que la Universidad de Pavía se distinga siempre por una atención especial a la persona, por una acentuada dimensión comunitaria en la investigación científica y por un fecundo diálogo entre la fe y la cultura.
Os agradezco vuestra presencia y, a la vez que os expreso mis mejores deseos de éxito en vuestros estudios, imparto a todos mi bendición, que hago extensiva a vuestros familiares y a vuestros seres queridos.
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DISCURSOS DE S.S. BENEDICTO XVI
lunes, 27 de noviembre de 2006
Agencia Informativa Católica Argentina: Los obispos rechazan un proyecto de ley por inconstitucional
AICA - BAIRES – Servicio Nacional - Lunes 27 de noviembre de 2006 Los obispos católicos de la Argentina piden que se archive el proyecto de ley que autoriza la venta y distribución gratuida de la píldora “del día después” por tratarse de un fármaco que atenta contra la vida humana “que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción”. El pedido se dirige a la Cámara de Diputados de la Nación y fue hecho público esta tarde mediante un comunicado distribuido a los medios por el presbítero Jorge Oesterheld, responsable de la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Argentina.
Los obispos rechazan un proyecto de ley por inconstitucional
Buenos Aires, NOV 27 (AICA):Los obispos católicos de la Argentina piden que se archive el proyecto de ley que autoriza la venta y distribución gratuida de la píldora “del día después” por tratarse de un fármaco que atenta contra la vida humana, “que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción”.
El pedido se dirige a la Cámara de Diputados de la Nación y fue hecho público esta tarde mediante un comunicado distribuido a los medios por el presbítero Jorge Oesterheld, responsable de la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Argentina.
Texto del comunicado
La Cámara de Diputados de la Nación está próxima a tratar un proyecto de ley que autoriza la venta y la distribución gratuita de las píldoras denominadas de “anticoncepción de emergencia”, también conocidas como “píldora del día después”. Los organismos de control sanitario reconocen que entre sus acciones esta droga impide la anidación o implantación del embrión en el útero materno. Se trata, por lo tanto, de un fármaco que atenta contra la vida humana, que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción.
Los obispos de la Iglesia Católica en la Argentina, que reiteradamente han expresado su preocupación por la defensa de la vida, apelan una vez más a la conciencia de los legisladores nacionales y solicitan como ciudadanos el archivo definitivo de dicho proyecto.
Buenos Aires, 27 de noviembre de 2006.
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Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: 4334-4202
E-mail: info@aica.org – Sitio en Internet http:// www.aica.org
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Los obispos rechazan un proyecto de ley por inconstitucional
Buenos Aires, NOV 27 (AICA):Los obispos católicos de la Argentina piden que se archive el proyecto de ley que autoriza la venta y distribución gratuida de la píldora “del día después” por tratarse de un fármaco que atenta contra la vida humana, “que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción”.
El pedido se dirige a la Cámara de Diputados de la Nación y fue hecho público esta tarde mediante un comunicado distribuido a los medios por el presbítero Jorge Oesterheld, responsable de la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Argentina.
Texto del comunicado
La Cámara de Diputados de la Nación está próxima a tratar un proyecto de ley que autoriza la venta y la distribución gratuita de las píldoras denominadas de “anticoncepción de emergencia”, también conocidas como “píldora del día después”. Los organismos de control sanitario reconocen que entre sus acciones esta droga impide la anidación o implantación del embrión en el útero materno. Se trata, por lo tanto, de un fármaco que atenta contra la vida humana, que la Constitución Nacional considera inviolable desde el momento de la concepción.
Los obispos de la Iglesia Católica en la Argentina, que reiteradamente han expresado su preocupación por la defensa de la vida, apelan una vez más a la conciencia de los legisladores nacionales y solicitan como ciudadanos el archivo definitivo de dicho proyecto.
Buenos Aires, 27 de noviembre de 2006.
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Agencia Informativa Católica Argentina
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HISTORIA DE LA CULTURA: PERGAMINO DE CHINON - ABSOLUCIÓN DEL PAPA CLEMENTE V
PERGAMINO DE CHINON - ABSOLUCIÓN DEL PAPA CLEMENTE V
PARA LOS JEFES DE LA ORDEN TEMPLARIA
Chinon, diócesis de Tours, 17-20 de agosto de 1308
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Formato original de un único pergamino de grandes dimensiones (700 x 580 mm.), originariamente con sellos pendientes de los tres legados apostólicos que formaban la Comisión especial apostólica ad inquirendum nombrada por Clemente V: Bérenguer Frédol, cardenal sacerdote del título de los santos Nereo y Achilleo y sobrino del papa, Étienne de Suisy, cardenal sacerdote de San Ciriaco in Therminis, y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de San Angelo. Su estado de conservación es discreto, aunque tiene vistosas manchas violáceas debidas al ataque de las bacterias. El original estaba acompañado por una copia auténtica que todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218.
ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217
EL documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario son reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar, el documento responde a la necesidad apostólica de eliminar de entre los frailes guerreros la infamia de la excomunión en la que se habían enredado solos al admitir que habían renegado de Jesucristo bajo las torturas del inquisidor francés.
Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, que no disuelve a los templarios sino que los absuelve, era la base necesaria para la reforma, pero se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó desencadenando un auténtico mecanismo de chantaje que obligaría posteriormente a Clemente V al ambiguo compromiso aprobado en 1312 durante el Concilio de Vienne: al no poder oponerse a la voluntad del rey de Francia Felipe el Hermoso que imponía la eliminación de los templarios, el papa eliminó la orden de la realidad de la época sin condenarla ni abolirla, sino más bien aislándola en una especie de “hibernación” gracias a un hábil artificio del derecho canónico. Tras haber declarado expresamente que el proceso no había probado la acusación de herejía, Clemente V suspendería la orden de los Templarios mediante una sentencia no definitiva dictada por la necesidad superior de evitar un gran peligro para la Iglesia, con la prohibición bajo pena de excomunión de continuar usando el nombre y los signos distintivos.
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© ARCHIVO SECRETO VATICANO
PARA LOS JEFES DE LA ORDEN TEMPLARIA
Chinon, diócesis de Tours, 17-20 de agosto de 1308
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Formato original de un único pergamino de grandes dimensiones (700 x 580 mm.), originariamente con sellos pendientes de los tres legados apostólicos que formaban la Comisión especial apostólica ad inquirendum nombrada por Clemente V: Bérenguer Frédol, cardenal sacerdote del título de los santos Nereo y Achilleo y sobrino del papa, Étienne de Suisy, cardenal sacerdote de San Ciriaco in Therminis, y Landolfo Brancacci, cardenal diácono de San Angelo. Su estado de conservación es discreto, aunque tiene vistosas manchas violáceas debidas al ataque de las bacterias. El original estaba acompañado por una copia auténtica que todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218.
ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217
EL documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Gran Maestro del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario son reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Perteneciente a la primera fase del juicio contra los Templarios, cuando Clemente V todavía estaba convencido de poder garantizar la supervivencia de la orden religiosa y militar, el documento responde a la necesidad apostólica de eliminar de entre los frailes guerreros la infamia de la excomunión en la que se habían enredado solos al admitir que habían renegado de Jesucristo bajo las torturas del inquisidor francés.
Como confirman distintas fuentes de la época, el papa comprobó que entre los templarios se habían insinuado graves formas de malas costumbres y planificó una reforma radical de la orden para después fundirla en una única institución con otra gran orden religiosa-militar, la de los Hospitalarios. El acto de Chinon, que no disuelve a los templarios sino que los absuelve, era la base necesaria para la reforma, pero se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó desencadenando un auténtico mecanismo de chantaje que obligaría posteriormente a Clemente V al ambiguo compromiso aprobado en 1312 durante el Concilio de Vienne: al no poder oponerse a la voluntad del rey de Francia Felipe el Hermoso que imponía la eliminación de los templarios, el papa eliminó la orden de la realidad de la época sin condenarla ni abolirla, sino más bien aislándola en una especie de “hibernación” gracias a un hábil artificio del derecho canónico. Tras haber declarado expresamente que el proceso no había probado la acusación de herejía, Clemente V suspendería la orden de los Templarios mediante una sentencia no definitiva dictada por la necesidad superior de evitar un gran peligro para la Iglesia, con la prohibición bajo pena de excomunión de continuar usando el nombre y los signos distintivos.
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